Sunday, October 26, 2008


IMPACTO DEMOGRÁFICO DEL TRATADO DE BASILEA DE 1795 EN LA PARTE ESPAÑOLA DE LA ISLA DE SANTO DOMINGO

Por: Alejandro Paulino Ramos

(En la foto la ciudad de Santo Domingo y zona rural cercana, durante el siglo XIX. En Samuel Hazard, Santo Domingo Pasado y Presente, 1876).

El Tratado de Basilea de 1795, firmado entre España y Francia puso, definitivamente, fin al dominio de la primera sobre el territorio de la isla de Santo Domingo. Ese dominio se había comenzado a perder desde mediado del siglo XVII, con la presencia de nacionales franceses, ingleses, holandeses y de otras potencias enemigas de España.

Ese proceso, en el que fue constituyéndose el Santo Domingo Francés, dividió la Isla en dos colonias con sociedades y economías disímiles, pero poblacionalmente la parte bajo el control de España no se afectó por esta causa, al contrario, durante los siglos XVII y XVIII se efectuó una inmigración clandestina de esclavos fugitivos, que ingresaban al territorio español y permanecían viviendo en él.

Producto de ese movimiento poblacional, aparecieron en la cercanía de la antigua ciudad de Santo Domingo poblaciones constituidas por esos esclavos, como son los casos de pequeños caceríos en la zona de Villa Mella, y el famoso San Lorenzo de los Negros Mina, que hoy conocemos como Los Mina.

Ahora bien, al efectuarse el Tratado de Basilea y la Isla de Santo Domingo pasar totalmente bajo el control de Francia, el impacto demográfico va a ser negativo para el Santo Domingo Español, como quedará demostrado a continuación.

El Tratado de Basilea

La Existencia de una colonia francesa en la isla de Santo desde el sigo XVII, fue un factor demográfico importante, ya que a esa colonia ingresaron en espacio de dos siglos, cientos de miles de esclavos africanos, así como decenas de miles de ciudadanos franceses.

La razón del poblamiento estaba vinculada a la economía de plantación esclavista, implementada por Francia en ese territorio. Esa colonia suplía el 80% de la materia prima exportada desde América hacia Francia, por lo que el territorio de la Isla era de gran importancia para esa potencia.

Mientras esa era la situación demográfica en la parte francesa, en la parte española qué era colonia de España, la población se había reducido y fue necesario el incentivo de la inmigración de población canaria para repoblar muchas de las villas, que durante el siglo XVI fueron de importancia. Esa repoblación con canarios buscaba además detener la expansión de la colonia francesa hacia el territorio español.

Para Francia era importante el territorio español de la isla de Santo Domingo, ya que su interés descansaba en la posesión del territorio dominicano para expandir su producción de materia prima. Moreau de Saint-Mery, un ciudadano francés de Martinica, y que había visitado la parte francesa de Santo Domingo, realizó un estudio de los beneficios económicos, culturales y sociales que obtendría Francia si poseía todo el territorio, y planteaba las razones:

“Ninguna colonia puede tener un verdadero destino sino el de procurar a su metrópoli, en cambio de sus productos naturales o manufacturados, otros productos que esa metrópoli puede utilizar a su vez para cambiar con las otras naciones, es muy cierto que las colonias francesas de las Antillas, que ofrecen artículos absolutamente diferentes de los que Francia produce, deben ser tanto más útiles cuanto su cultivo es más extenso”. (Moreau de Saint Mary, Descripción de la parte española de la Isla de Santo Domingo: Montalvo, 1944. pág.450).

Esa fue la razón de que, al momento de que Francia y España llegaran a un acuerdo de paz para detener una guerra que se había iniciado en el viejo continente en 1793, entre esas dos potencias, los franceses pusieron sus ojos en el territorio dominicano que era propiedad de España. El Tratado de Basilea incluía el retiro de las tropas de Francia del territorio de España, a cambio de que España entregará a Francia el territorio español de la Isla de Santo Domingo.

El 22 de Julio de 1795 fue firmado el referido Tratado provocando una situación de caos en los pobladores del territorio cedido, los que habían luchado por siglos para evitar por las armas que los franceses se apoderaran de Santo Domingo; pero con el Tratado de Basilea esa población dominicana-española sintió temor y recelo de la presencia de los ciudadanos franceses que se esperaba que pronto tomarían el control de su territorio. Muchos fueron los que plantearon su interés de emigrar a otros territorios españoles de América.

El Tratado de Basilea comenzó a ejecutarse parcialmente, pues los franceses se encontraban en guerra contra los antiguos esclavos que habían iniciado en 1791 una revuelta en la parte francesa de la isla. En medio de esos conflictos, Toussaint Louverture invadió a la parte española en 1801 y ejecutó la unidad territorial contenida en el Tratado de Basilea, bajo Francia, lo que acrecentó el deseo de emigrar de los habitantes pudientes de la parte dominicana.

Población de la parte Española, 1795

En el Santo Domingo español existía una población de 152,460 personas en 1785, diez años antes del Tratado de Basilea, por lo que se entiende que en 1795 la población podía ser más o menos la misma cantidad. Además existía una población de unos 30,000 esclavos africanos. (Véase: Jaime de Jesús Domínguez, Historia de Santo Domingo: ABC, 2001, pág.89).

Moreau de Saint-Mery calcula la población de Santo Domingo, para 1785, en unos 125,000 habitantes, aunque el aclara que el número podía ser superior, por las siguientes razones:

“Los Censos se levantan, (... ), por personas a quienes los curas o vicarios confían ese cuidado, quienes van de casa en casa, a verificar quienes son las personas que no cumplen con el deber pascual. Este sistema tiene el primer inconveniente de no comprender los niños menores de siete años o de no señalar los jefes de familia ausentes de sus casas o de la ciudad. Pero la causa principal de las inexactitudes es que la mitad del territorio parroquial de la ciudad está fuera de las murallas” (Moreau de Saint-Mery, op. cit., pág. 154).

La misma suma de 125 mil personas es tomada por José Ramón Abad para el año de 1789 y coincide con el primero, pues según él “No parece que en esa modestísima cifra haya exageración alguna”.

Gustavo Adolfo Mejía Ricart, en su libro Historia de Santo Domingo, da un número menor a la población dominicana que habitaba el Santo Domingo español a finales del siglo XVIII. Para él la población era un poco menos de 117,000 personas, y aclara que tomó en cuenta para llegar a ese número, los patrones parroquiales. También aclara, que de 1775 a 1795 la población aumentó como producto del relativo bienestar que se sintió en esos años, lo que atraía la inmigración de nuevos habitantes:

“La población que tenía entonces la Parte Española de la Isla según patrones parroquiales de aquella época, no sobrepasaba de la cifra de 117,300 almas, incluyendo 14,000 esclavos, repartido sen 18 jurisdicciones”
. (Gustavo Adolfo Mejía Ricart, Historia de Santo Domingo. Vol. 6. C.T: Pool Hermanos, 1953, pág. 440).

A partir de estas informaciones demográficas, ya que Moreau de Saint-Mery no tomó en cuenta la población esclava africana, se puede hacer una media de 150,000 personas, incluyendo a todos los habitantes, españoles, libres y esclavos.

El Tratado de Basilea y la perspectiva inmediata de la ocupación francesa del territorio dominicano, provocó un impacto psicológico en la población que se consideraba española, no así necesariamente en los esclavos o en los mulatos. Los españoles-dominicanos rechazaron el acuerdo, se sintieron engañados y se mostraron impotentes, e inclusive llegaron a provocar algunos incidentes callejeros en protesta por lo que ellos entendían era una medida abusiva de los reyes de España que los había “abandonados” a su suerte.

Cómo se sentían estos pobladores antes la firma del Tratado y su vinculación ahora con la colonia francesa y las expectativas que tenían sobre su nueva situación, aparece en una carta que envía el Arzobispado de Santo Domingo Fray Fernando Portillo y Torres a Don Eugenio Llaguno:

“La noticia y publicación de la muy acertada cesión de esta Isla que se publicó (...), se consternó este Pueblo y si el Común de estas gentes fuera de un animo tan vigoroso y resuelto como los de España, me habrían hecho temer una sedición; pero pareciome conveniente para contenerlo permitirle algunas horas de desahogo a su pasión patriótica que por ciega y entusiasmada podría arrolar con exorvitancias los medios que opusiera la más exquisita política, (...), cayó muerta en medio de la calle una Muger exclamando, Isla mía, Patria mía. Tanto más huve de conformarme con tan preciso disimulo, quanto no he notorio el engreimiento que podría temerse en parte de los franceses avecindados...”
(Carta del Azbispo Fray Fernando Portillo a Eugenio Llaguno, del 24 de Octubre de 1795. En J. Marino Inchaustegui. Documento para estudio, pág.53 y ss.).

En la misma carta a que me estoy refiriendo aparece la actitud de la población rebelada contra la iglesia por entenderla cómplice del Tratado:

“El Arzobispado también es pellizcado por esto, porque dice, debía haber desde principio instruido a S.M. de la inutilidad de estos hombres para el mando de las armas. (... ). Yo no podiendo discuparme en este sentido, (...), huve de contentarme con lograrlo con suficiente de gente popular, justificando el amor, y zelo con que los había servido, (... ), y (creo) que dentro de pocos días se pondran esta gente en estado de que yo lo predique...”
(Op. cit.).

Los españoles-dominicanos, sumidos en la incertidumbre ante la presencia francesa que se avecinaba, teniendo como única salida emigrar fuera del territorio de Santo Domingo, en la que, dice una comunicación del Ayuntamiento, esperaban calamidades de todo tipo:

“pero no pueden acallar los clamores de la naturaleza y de la sangre. Los indisolubles vinculos (...), sumergen presentándoles a su pertubada imaginación ya la pena de una cruel separación o ya los peligros, los trabajos, las necesidades, las mendiguez, las enfermedades y la infinita mortandad que han de padecer sus Padres, sus hijos y Esposas en la navegación y largas peregrinaciones, mutación de clima, perdida de bienes y abandono de los nativos y propios hogares...”

El Ayuntamiento pedía que se les permitiera a todo el que quisiera emigrar a Cuba u otro territorio español y se les ayudara con los gastos: “para aligerar el peso de tantos males les ofrece transporte a costa de erario la isla de Cuba y recompensales en ella los bienes que abandonen en esta para seguir su apetecible dominación” (op. cit.)

Y de inmediato recuerda lo que pasó a los que emigraron de la Florida a Cuba: “la desgraciada suerte que experimentaron allí los emigrados de la Florida, amaneciendo por las calles de la Havana familias enteras muertas de la necesidad, sin hallare en todo aquel inmenso Pueblo, abrigo..” (op. cit.).

Emigración de los Dominicanos-españoles

Los pedidos y la presión a las autoridades españoles, para que se permitiera emigrar a otros territorios, provocó que el regente de la Real Audiencia tomara medida en ese sentido; pero los dominicanos no querían ir a la Isla de Cuba y preferían a Caracas y Puerto Rico:

La “Real Audiencia (...), ha determinado que en la Isla de Cuba se les de un equivalente a las Posesiones de que eran dueños para que se retiren con sus efectos y familias.(...). Estas gentes que en lo general tienen muy poco inclinación a la Isla de Cuba (...) y siempre han sido y son apasionados de la Provincia de Caracas y Puerto Rico..” (Comisionado de Regente de la Real Audiencia al Ayuntamiento de Santo Domingo. J. Marino Inchaustegui, op. cit, pág. 60 y ss.).

En comunicación de Fernando Portillo, Arzobispo de la Sede Apostólica, queda claro el plazo concedido para la salida de los “vasallos” españoles:

“Y en cuanto a la translación de los vasallos para la cual se dexa libertad en el citado tratado, (... ). Parte que posee en esa dexando libertad y el espacio de un año para que se retiren de ella las familias Españolas con sus efectos y pertenencias (...) en la Isla de Cuba se les de un equivalente a las posesiones de que eran dueños en Santo Domingo (..). Para este efecto ha destinado los Buques de que se compone la Esquadra mandada por el General Sr. Aristizabal. (J.M. Inchaustegui, op. cit., pág.66 y ss.)

En 1796 ya se había permitido que la salida de los que se consideraban españoles se hiciera hacia Cuba, Puerto Rico y Trinidad.

Existía la queja de los que ya en abril de 1796 habían salido de Santo Domingo, de que los precios de los alimentos en Cuba eran muy altos, y recomendaban que solo fueran los que eran muy ricos, mientras que sugerían se fueran a Puerto Rico, por ser la tierra mejor para ser cultivada. En documento se informa del interés de España de “formar una población en el Puerto de Guantabano” con parte de los emigrados de Santo Domingo. (Carta del Arzobispo de Santo Domingo al Príncipe de la Paz. J.M. Inchaustegui, op. cit, pág.125 y ss.).

Los primeros que emigraron de Santo Domingo fueron los curas y las monjas, los que llevaron a la Habana los archivos y recursos económicos de la Iglesia. De los pobladores que querían emigrar, no todos podían hacerlo por un problema de recursos y los barcos que debían de transportarlos casi no llegaban al puerto de Santo Domingo. De todo modo, aunque lento, el proceso migratorio se iba cumpliendo:

“Se trata de un abandono. El vecino acomodado (y en esta clase se miran todos los que de cualquier modo tienen de que subsistir) ignora los auxilios con que pueda contar con otro Pays; el que tiene larga familia se ve con ella encima, la quietud todavía de la guarnición, (...) fomenta la natural Inacción por falta de una causa inmediata...” (Comunicación del Gobernador García al Príncipe de la Paz, del 19 de Noviembre 1795. En: Emilio Rodríguez Demorizi. Cesión de Santo Domingo a Francia. C.T: Impresora Dominicana, 1958. pág.14 y ss.).

El proceso migratorio era muy penoso, a contar por las continuas informaciones que aparecen en los documentos del período, como es la Comunicación que el Gobernador de Santo Domingo envía conteniendo un memorial hecho por una persona en relación a la emigración:

“Estas son las contingencias por estas partes. La traslación de las familias, no ha podido hacerse sin quebranto y pena de espíritu en una persona de edad, estado, y salud digna de consideración, (...), bastando decirse: ha emigrado: ha dexado su Patria: se ha reducido a la clase de forastero en otro pays,...” (En E. Rodríguez Demorizi, op. cit., p. 204 y ss.).

Un documento importante, por contener cifras sobre el proceso migratorio, es la comunicación del Gobernador García al Príncipe de la Paz de España, del 14 de Julio de 1797. En este documento aparece el dato que las autoridades dieron un nuevo año de plazo para abandonar la Isla, es decir, hasta 1797 y aclara que en principio la emigración fue reducida, además de las causas de esa disminución:

Una isla de más de cien mil almas, aunque de ellas no salgan más que el tercio, no puede evaquarse en las pocas ocasiones primeras que hubo para la Havana. (...). Pero deben distinguir los transportes de individuos que pasan de unos puertos a otros con solas las arcas de su ropa y alhajas de uso, de los de familias enteras que se mudan con los mobiliarios, numeran las personas, pero no se encargan de que los buques se despacharon con los equipages (...). Demás de esto, aunque a los principios hubiesen sido escasas las emigraciones, es necesario considerar que ningún vecino establecido con comodidad, por desnudo y desprendido de raíces que fuera, en un suceso tan imprevisto como la entrega de la isla, y estar habilitado para marchar con su equipaje a la hora de la vela; (...), y lo que hay que elogiar es que muchísimos vendieron sus casas, raíces y animales de imposible transporte, por menos de la mitad de su valor, por seguir la dominación de España, (...), (pero) después la misma guerra ha puesto un obstáculo invencible a la emigración, (...), pues mientras hubo pace, emigraban las familias a su propia cuenta, para distintos parages del Continente y de la Isla de Puerto Rico, de suerte que raro es el puerto en que no hay familias dominicanas, haviendose extendido hasta el Río de el hacha y Cartagena..” (En Rodríguez Demorizi, Op. cit., pág.217 y ss.).

Sobre la emigración de los esclavos, pues las familias que se iban llevaban ese bien económico sin el cual no podían vivir en ningún lugar y más si iban a recibir propiedades para cultivarlas y vivir de ellas, el documento enviado por el Gobernador García a Mariano Luis de Urquijo, contiene un documento anexo de Toussaint Louverture, donde se dice, sobre ese particular, lo siguiente:

“Pero no habrían podido, sin querer la aniquilación de este País, permitir la saca de los hombres consagrados a los trabajos de la cultura, con todo desde la época en que esta cesión fue decretada entre las dos Potencias no solamente ha salido de este País una infinidad de las familias españolas, sino que lo que es contrario al verdadero espíritu del tratado, ellas han llevado consigo sus esclavos que por la mayor parte eran negros robados en la parte francesa y vendidos en esta o que se han hallado trasplantados por los efectos de la Guerra. (...). La República Francesa no verá sin pena que se le haya quitado bajo vuestra autoridad más de tres mil cultivadores que soy instruido que se han hecho pasar ya a otros países españoles..” (En: Rodríguez Demorizi, op. cit., pág. 624).

Acerca de la emigración de esclavos, como efecto del tratado de Basilea, Fray Cipriano de Utrera, en Noticias Históricas de Santo Domingo, trae informaciones de los lugares a donde iban a parar, luego de sacados del país:

“Los negros auxiliares que evacuaron en 17...con los españoles, de ellos después de recalar en la Habana, unos a Cádiz, (... ), y otros a Guatemala, donde se les dieron tierras de labor. Los enviados a Guatemala fueron 310.” (Fray Cipriano de Utrera, Históricas de Santo Domingo: Editora Taller, 1982, pág.201).

En la misma obra citada existe una relación de los españoles dominicanos emigrados que habían ingresados a Maracaibo eran en 1803:

Cuerpo político y militar 10
Personas particulares 1247
Regimiento de Cantabria 178
Hacienda y Resguardo 118
Sin pasaportes 250
(Fray Cipriano de Utrera, op. cit., p.302)

IMPACTO ESTADÍSTICO DE LA MIGRACIÓN

Gustavo Adolfo Mejía Ricart, en su libro Historia de Santo Domingo, dice que hubo un gran éxodo de “familias españolas residentes en la colonia de Santo Domingo, principalmente con destino a las islas de Cuba y Puerto Rico, y en el mismo continente a Caracas, Venezuela”. (Gustavo A. Mejía Ricart, op. cit, pág. 543-544).

En carta de Antonio de Vrizar, Regente de la Real Audiencia del El 8 de enero de 1796, se informa que l cantidad de emigrados llegaba en esa fecha a unos 4,000 personas. (En: Gustavo A. Mejía Ricart, op. cit.), por su parte José Ramón Abad, en su obra La Republica Dominicana: reseña general geográfico estadísticas, (1888), enfoca el éxodo provocado por el Tratado de Basilea y los acontecimientos provocados por su firma:

“Las sangrientas revoluciones de la vecina colonia francesa de Haití, la cesión que España hizo a Francia (... ), dieron por resultado la emigración más considerable que registran los anales del país. Fue el abandono del hogar, sin reservas ni previsiones de ninguna especie, lo que por gran número se hizo, en términos que cuando en 1819 se formó un censo de habitantes, estos sólo llegó a sumar 63,000 de todos sexos y edades mientras que por el orden regular de su desarrollo, a partir de 1789, (...), la población habría llegado a ser 300,000”.
(José Ramón Abad, op. cit., pág.86).

Si calculamos que en 1795 había unos 150,000 habitantes, y en 1819 unos 63,000 se podría calcular, aunque no existen fuentes fidedignas que permitan este cálculo, que la emigración superó el 35 % que tiene que ver directamente con el Tratado de Basilea, la ocupación de Toussaint, y la ocupación francesa. También en el período se dio una disminución de la población por los muertos provocados por las invasiones haitianas de 1804 y 1805, así como por las luchas contra los franceses a partir de 1808, con la que sep uso fin al Tratado de Basilea y el territorio dominicano se reincorporó nueva vez a España.

BIBLIOGRAFÍA

1. Abad, José Ramón. La República Dominicana: reseña general geográfico-estadística. Santo Domingo: Imprenta García Hermanos, 1888.
2. Cassá, Roberto. Historia social y económica de la República Dominicana. Santo Domingo: Alfa y Omega, 1977. Vol. I.
3. Domínguez, Jaime de Jesús. Historia Dominicana. Santo Domingo: ABC, 2001.
4. Inchaustegui, J. M. Documentos para estudio marco de la época y problemas del Tratado de Basilea. Buenos Aires: Academia Dominicana de la Historia, 1957.
5. Mejía Ricart, Gustavo Adolfo. Historia de Santo Domingo. Santo Domingo: Pol Hermanos, 1953.
6. Rodríguez Demorizi, Emilio. Cesión de Santo Domingo a Francia. C.T: Impresora Dominicana, 1958.
7. Saint-Mery, Moreau de. Descripción de la parte española de la Isla de Santo Domingo. C.T: Montalvo, 1944.
8. Utrera, Fray Cipriano de. Noticias históricas de Santo Domingo. Santo Domingo: Taller, 1982.

Saturday, September 06, 2008

MARIANO HERNÁNDEZ: EL FOTÓGRAFO DEL CARNVAL DOMINICANO


EL FOTÒGRAFO DEL CARNAVAL DOMINICANO

Por : Alejandro Paulino Ramos

El Carnaval dominicano es colorido, expresión de identidades compartidas y expresadas popularmente en muchos de los pueblos de la República Dominicana: los "lechones de Santiago", los "encueruses" de Barahona (los pintaos de Barahona), "los papeluses" y "los pollitos" de Cotuí, "los cachúas" de Cabral, "los diablos" de Santo Domingo, "la muerte en jippe", "los robalasgallinas", "las muñecas" de Río San Juan, y otros tantos que simbolizan en el carnval, lo que somos como pueblo. Toda la expresión popular de esta costumbre dominicana, celebrada para las fechas patrias de Febrero y Agosto de cada año, es recogida por el lente maravilloso de Marino Hernández, a quien ya todos conocemos como "El Fotógrafo del Carnaval".


Mariano Hernández, el Fotógrafo del Carnaval dominicano nació en Jimaní, Provincia Independencia, el 30 de abril de 1954. Desde temprano vivió en la ciudad turística de Puerto Plata. Fundador de Fotogrupo y miembro del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos, realizó estudios de arquitectura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en la Universidad Central del Este.

Ha participado en numerosos talleres y cursos de fotografías artísticas y ha tenido como profesores a varios maestros de ese arte. Se especializó en Costa Rica en la “aplicación de la fotografía artística en las artes gráficas”.

Ganador de varios premios de fotografía, ha participado en numerosas muestras audiovisuales, exposiciones colectivas y sus fotos han sido publicadas en periódicos, revistas y libros. Ilustró con fotografías el libro Carnaval de Santo Domingo, escrito por José Castillo y Manuel García Arévalo y en el 2008, el libro El Carnaval Dominicano, junto al costumbrista Dagoberto Tejada Ortiz.

Monday, March 03, 2008

VIRGEN DE LA ALTAGRACIA Y BATALLA DE LA SABANA REAL




Imagenes de la Virgen de la Altagracia y Basilica de Higuey

EL CULTO A LA VIRGEN DE LA ALTAGRACIA: BATALLA DE LA SABANA REAL, 1691.

Alejandro Paulino Ramos

El culto a la Virgen de la Altagracia se inició temprano el siglo XVI en la isla de Santo Domingo, tanto en la Capital como en la villa de Higuey, celebrándose el 15 de agosto como el día principal de su culto, el que debía efectuarse en Higuey. De acuerdo a las tradiciones, era el lugar donde Dios quería que ella estuviera y no en la ciudad de Santo Domingo como en algunas ocasiones se pretendió.

Desde Higuey, pasado el tiempo, el cultos se fue extendiendo hasta convertirse en nacional y forma parte de la identidad de los dominicanos. La explicación más socorrida tiene relación con la batalla de la Sabana Real o de la Limonada, próximo a la llanura del Guarico y fue a partir de esa batalla cuando el culto comenzó a ser parte de la cultura religiosa de toda la parte Este de la Isla.

Los franceses, desde el siglo XVII combatieron por el control de los territorios que una vez fueron despoblado en 1605 y 1606. Desde mediado de ese siglo se habían apoderado de la isla la Tortuga y de territorios de lo que ellos llamaban la “Isla Grande” (Isla de Santo Domingo). Con el tiempo y debido a la imposibilidad de España controlar esos territorios, los ingleses primeros, en 1655, y los franceses desde 1689 se habían decidido por el control total de Santo Domingo, apoderándose de Santiago y otros territorios, provocando que el gobernador y capitán general Ignacio Caro organizara una columna al mando de Francisco Segura y Sandoval.

Se hicieron los preparativos militares en la Sabana Real, y utilizando el factor sorpresa los españoles-dominicanos vencieron a los franceses, el 21 de enero de 1691. Se cuenta, que estando los españole en desventajas, y siendo la mayoría de los que formaban las milicias provenientes de la zona de El Seybo e Higuey, estuvo presente la fe que profesaban en la Virgen de la Altagracia, pues ellos eran practicantes del culto altagraciano.

Antes de entrar en el combate que se inició temprano en la mañana, los españoles-dominicanos imploraron la ayudad de la Virgen de las Mercedes y la protección de la Señora de la Alta Gracia, para que por su gracia los ayudara a salir victorioso.

Como el triunfo fue favorable a los españoles-dominicanos, aun siendo minoría en cantidad de soldados, pertrechos y adiestramiento militar, se entendió que ese triunfo sólo era posible por la protección de la Virgen de la Altagracia, consagrándose desde 1692 que el 21 de enero y no el 15 de agosto era el día más propicio para dar las gracias por su valiosa ayuda.

VERSIÓN DE VETILIO ALFAU DURÁN

(Tomada de: Contribución de Higuey a la independencia nacional, C. T., Editora Montalvo, 1944, pag. 5-7).

“El 21 de Enero del año 1691 se libró en Sabana Real o de La Limonada, la célebre batalla que inmortalizó al Maestre de Campo Don Francisco de Segura y Castilla, así como al ilustre santiagués Don Antonio Miniel, bajo cuyo mando combatieron los lanceros del Seibo y de Higuey, a cuyo arrojo y bizarría se debió el espléndido triunfo alcanzado por las armas españolas. Parece ser que allí fue donde por primera vez se usó el machete como arma de combate.

Refiere la tradición que los orientales invocaron l adivina protección del a Santísima Virgen de la Altagracia en lo más comprometido de la acción; y por cuyo motivo resolvieron celebrar todos los años como día de acción de gracias a Nuestra Señora la fecha aniversario de esa celebre batalla, primer soplo de vida del a nacionalidad dominicana.

Como testimonio de ese espléndido triunfo, los higueyanos y seibanos depositaron junto al Altar de la Santísima Virgen el machete que manejado por anónimo soldado, cercenó la engreída testa del gobernador francés Mr. De Cuussy, que comandaba las fuerzas enemigas. El celebre machete desapareció definitivamente del sitio donde fuera depositado cuando dominaban los haitianos.

El eminente historiador Fr. Cipriano de Utrera, a quien debe la historia patria inapreciables servicios, afirma refiriéndose a la batalla de Sabana Real lo siguiente: “Corresponden al Este (Seibo e Higuey) el mayor número de hombres que sabían manejar el machete, arma que Moreau de St. Mery mienta en su obra como poderoso artefacto del criollo dominicano para abatir reses montaraces, y ya sabemos que al este de Higuey se hallaban las más notables y ricas porciones de terreno llamado de “montería”. Estos, pues, alistándose en calidad de buenos “artistas” del machete, acudieron al llamamiento que en aquella ocasión se les hizo, y sea que estuvieran debajo de las ordenes de don Pedro Miniel que mandaba a los lanceros que permanecieron pecho por tierra hasta recibir orden de levantarse y acometer, sea que los propios lanceros hayan de entenderse ser los macheteros de Higuey y del Seybo, no a las lanzas cabalmente, ni a las escopetas y lombardas, sino al espantable y terrible machete en combinación con las demás armas, se debió que, cercenada la cabeza del gobernador francés y las de sus oficiales, el triunfos se lo anotaran por suyo los españoles, como ya está dicho".

Tuesday, February 26, 2008

EL CARNAVAL DE COTUÍ





(En las fotos los historiadores Juan Daniel Balcacer, Presidente de la Comisión Permanente de Efemerides Patrias, y Ricardo Hernández, además de una muestra del Carnval de Cotuí, República Dominicana)

"El carnaval de Cotuí, hacia una pedagogía del papelús"

Ricardo Hernández

(Publicado en la Revista Científica El Capacho del Instituto Tecnológico del Cibao Oriental (ITECO), año 2, No.2, diciembre, 2007).

Resumen

(Hoy, mas que nunca se hace necesario analizar la fiesta carnavalesca del municipio de Cotuí, ésta representa uno de los pilares del mundo cultural cotuisano, que de por sí es amplio y diverso. Se hace necesaria una revalorización de las expresiones culturales locales que permita un relanzamiento hacia fuera y hacia dentro de las mismas. La fuerza del carnaval en cualquier municipio es inigualable, en el caso de Cotuí tiene unas dimensiones singulares, en el sentido de que es un espacio, donde se presentan diversas formas de concebir el mundo desde la cotidianidad. El carnaval cotuisano representa la fuerza de la creatividad.

Frente a la avalancha de la globalización, la cultura es, el agente que nos diferenciará de los demás países y la vía para comunicarnos con autenticidad y autonomía. Por tanto, el carnaval cotuisano debe convertirse en uno de los principales componente de la agenda cultural, educativa y económica de sus habitantes).

Frente a la avalancha de la globalización, la cultura es el agente que nos diferenciará de los demás países y la vía para comunicarnos con autenticidad y autonomía. Esta situación se traduce a las ciudades, las cuales de más en más están inmersas en el desarrollo de las competencias internas, desplegando potencialidades que les permitan generar bienestar social entre sus ciudadanos. En tal sentido, desde el carnaval podemos abrir una ventana de atractivos para nuestras ciudades.

Efectivamente, la ciudad de Cotuí tiene la desventaja de no estar ubicada en las redes de comunicación terrestre que conectan a los principales centros comerciales de la República Dominicana. De manera que, debemos explotar al máximo los recursos internos que poseemos para atraer mayores fuentes de ingresos hacia nosotros.

Por tanto conviene, definir líneas de acción que apuntalen hacia la ruptura del localismo extremo y nos coloquen en una ruta de mercadeo diferente. Por lo que, el carnaval no puede realizarse y analizarse sin la participación de los actores económicos y políticos que inciden en el municipio.

Resulta interesante entonces preguntarse de qué manera el carnaval cotuisano logra alcanzar el esplendor que posee en la actualidad. Algunos autores sostienen que desde principio del siglo 20 en Cotuí existían manifestaciones carnavalescas, sin embargo, una descripción del municipio de 1922, en términos culturales hace alusión a la Fiesta del Espíritu Santo, no así al carnaval, aunque es posible que para la fecha existieran trazos carnavalescos en Cotuí. No obstante, el carnaval cotuisano es una expresión clara de la sedimentación cultural de una comunidad, la cual a partir de sus particularidades sociales y económicas ha logrado conformar un conjunto de expresiones carnavalescas que le distinguen dentro de los carnavales dominicanos. La sedimentación se ha construido sobre la base de respuestas periódicas, atendiendo a los recursos que ofrece el entorno y superando las diferenciaciones sociales.

Cotuí por muchos años fue una localidad extremadamente pequeña marcada por los valores hegemonizantes que transmitían las elites sociales. La ciudad estaba dividida entre Pueblo Abajo y Pueblo Arriba. En el devenir de la dictadura de Trujillo y producto del desalojo de algunos campesinos de sus tierras fueron surgiendo nuevas unidades barriales, como es el caso de Pueblo Nuevo. La fuente de la economía urbana era el comercio de pequeña escala, de reducido capital, como lo establecen algunos documentos consultados en los Archivos de la Cámara de Comercio de la provincia Sánchez Ramírez. Un inventario realizado en el 1953 en la Casa Comercial de Luis Antonio Núñez, indica que se tenía en mercancía el valor de 385.47 pesos. Para 1960 en la ciudad de Cotuí había 876 viviendas y 4,540 habitantes, según el censo de ese año. Las posibilidades de propiciar actividades culturales que contravinieran el “orden” moral resultaba cuesta arriba en una comunidad tan pequeña. En tal sentido, la religión católica desempeñaba una función cohesionadora, pues los cotuisanos eran muy asiduos a los cultos católicos, lo que se evidencia en una investigación realizada en el 1967 por el Centro de Investigación y Acción Social, donde se sostiene que el 47% de los cotuisanos asistía a misa, más del 50% afirmaron que rezaban diariamente y escuchaban programas radiales religiosos y el 98.5% respondió que creía en Dios. Definitivamente el peso específico de la religión católica sobre las costumbres debía ser muy significativo. Por tanto, participar en el carnaval, no era visto con buenos ojos por los padres y madres de familias, pues desde el púlpito católico se orientaba que esa fiesta pertenecía al diablo. En un período donde, la familia y la iglesia constituían verdaderos pilares de información y formación, pues los medios de comunicación no habían alcanzado el nivel de desarrollo que tienen en la actualidad.

Por lo que, atreverse a participar en el carnaval era enfrentar las disposiciones morales pautadas desde la esfera religiosa. Sin embargo, los jóvenes comenzaron a construir los símbolos que hoy nos identifican, “desobedeciendo” las órdenes de sus padres. En un período histórico marcado por el autoritarismo y el autarquismo intelectual, donde las posibilidades del diálogo y la confrontación de los saberes eran aspiraciones remotas.

El carnaval representaba además, una respuesta de renovación de la identidad local, marcada por las fiestas que apuntaban hacia la exaltación de la figura de Trujillo, convirtiéndose el carnaval en un espacio de protesta poco perceptible por los organismos de seguridad del Estado, pero asumido de manera muy consciente por los participantes. Esta fiesta representaba lo auténtico, lo creado, lo propio, lo realizado sin imposición, lo original, lo nuestro. De esta manera, los sectores sociales que no participaban en las festividades de las elites locales enquistadas en el Casino Juan Sánchez Ramírez construyeron su propia fiesta. Lo que se realizaba en la calle no surgió de manera expresa en contra de la fiesta privada del Casino, pero en sí reunía suficientes elementos que se contravenían a la misma, fundamentalmente la originalidad, pues los del Casino priorizaban otros componentes, el lujo, el dinero, mientras que en las calles, en el parque, lo significativo se encontraba a través de la creatividad, factor que vino a determinar la constitución del carnaval en uno de los pilares básicos de la identidad cultural cotuisana. Las caretas creadas por Ramón A. Manzueta (Patón o Pateca), los papeluses construidos por José Arístides Monegro (Negrote), surgieron buscando la identidad, la autenticidad, lo singular, lo particular. Precisamente son esos valores que deben orientar el carnaval cotuisano en la actualidad. Para fundamentar aún más la esencia de esta fiesta analicemos los personajes históricos de la misma, algunos de los cuales se encuentran en vía de extinción. Su análisis nos permitirá comprender su esencia y a partir de cuales criterios podemos introducir modificaciones y adecuaciones en el presente y el futuro, pues sin historia no se es, afirma Archiniegas.

La Culebra y los Siete Pecaos

Vestido de mujer y la cara pintada de azul, este personaje salía con una culebra seca colgando de un palito y asustando a la gente gritaba:
“La culebra y los siete pecaos”,
“La culebra y los siete pecaos”....
Este personaje acostumbraba a salir los miércoles de ceniza.
La Litera o el Muerto de Perplejía
Acostado en una “litera” de tela y/o lona, se colocaba un muñeco de trapo con una barriga grande, el cual simulaba a un muerto. El grupo de personas que lo llevaban desarrollaban un solo con respuesta en coro que decía lo siguiente:
“De qué murió?”
“De Perplejía”...

Este personaje aparecía en Semana Santa y luego comenzó a salir el 31 de diciembre de cada año como el Muerto de Perplejía. Con las características que mencionamos anteriormente.
El Chiquito afuera y el grande Tapao.

Vestía generalmente con pantalón y camisón largo. Otras veces con vestido al cual agregaba una “saqueta” que tapaba un huevo grande de Pata y/o Pava. El cinturón estaba lleno de cascarones de huevos de gallina o de guinea.

Con toda la aparente inocencia del mundo, el coro que lo acompañaba gritaba:
“El chiquito afuera”
El personaje maliciosamente expresaba:
“Y el grande abajo”
y así seguía el diálogo:
“El chiquito afuera”
“Y el grande escondido”
Entonces, aparecía un policía que trataba de llevárselo preso por su pornografía. El, levantándose la “saqueta”, enseñaba inocentemente el huevo grande que llevaba escondido, provocando la risa de todo el mundo, mientras el coro expresaba:
“...No, no, no, él no tiene razón”
“...No, no, no, él no tiene razón”
“El tiene razón, sí, sí, sí”,
“enséñale el grande, sí, sí, sí”,...

Los Diablos

Utilizaban caretas de las llamadas “Pico de Cotorra” y “Pico de Puerco” con cuernos. Inicialmente eran lisos y posteriormente les agregaron cuernitos pequeños parecidos a los “joyeros” de Santiago. Usaban vejigas para asustar fundamentalmente a los niños y golpear a los adultos.

Pero lo más característico era el vestuario, el cual consistía en un pantalón y camisa manga larga de colores brillantes, fundamentalmente rojo con espejitos pegados, unidos en una sola pieza. Imitando a un murciélago, desde el ruedo del pantalón subían hasta la punta de las mangas de la camisa unos aleros, que asumían todo su esplendor cuando los diablos subían los brazos. Eran similares o parecidos a los de Samaná y a los Cachúas de Cabral. El Diablo vegano constituyó un referente importante para este y otros personajes del carnaval cotuisano. No obstante en cada caso se realizaba una adaptación en el marco de las posibilidades locales. No se imitaba como en el carnaval de salón.

Los Diablos de Hojas o Platanuses

Se ponían caretas de higüero con facciones deformadas en los ojos y la boca. Igualmente las usaban de cartón con hojas de plátanos agregadas, ocasionalmente, para exagerar la expresión a la careta les colocaban pedazos de comején cubriendo la parte superior de la misma. Pero lo más característico era la vestimenta, la cual consistía en hojas de plátanos en la camisa y en el pantalón de cada diablo. Es a partir de la realización de un anuncio de televisión de una compañía licorera que este personaje alcanza mayor popularidad fuera y dentro de Cotuí.

Los Papeluses

La camisa y el pantalón son cubiertos con papel en tiras o en flecos. Unos de color blanco y otros de diversos colores. En los últimos años se ha desarrollado la tendencia de sustituirlos por papel periódico o fundas plásticas. Se colocaban dos caretas al mismo tiempo, una en la cara y otra en la nuca. Y aunque eran del tipo “Jocico de Puerco” y “Pico de Cotorra”, contrario a los diablos, las máscaras no tenían cachos. Para golpear y asustar usan vejigas.

El Medio Día

Este personaje fue creado por Bienvenido Reynoso para satirizar a las vendedoras que salían por el pueblo y el intercambio de comida y dulces que para la fecha hacían las familias de Cotuí y de muchos pueblos del país; este personaje salía al medio día del miércoles de ceniza.

Con la cara pintada de azul con blanco y los ojos y la boca de rojo (otras veces la cara de negro y los ojos y la boca de azul, blanco o rojo), salía con nalgas y senos postizos. Al vestido completo en algunos casos y la falda con la blusa en mangas de ¾, en otros, se le agregaba mucho almidón y azul de lavar, lo cual le daba aire de usanza antigua.

Al pañuelo que se colocaba en la cabeza, se le agregaba un “babonuco” o turbante enrollado para soportar una batea, la cual contenía platos llenos de estiércol. En estas condiciones se presentaba en diferentes casas ofertando su “medio día”, y cuando destapaban los platos, ¡oh! sorpresa pues estaban llenos de materias fecales de burro o de caballo.

Desarrollando un solo con respuestas, se escuchaba:
Personaje:...”Brun, brun”...
Coro: ...”El Mediodía”....
...”Brun, brun”...
...”Habichuela con dulce”...
....”Muchachos qué quieren”...
...”Habichuela con dulce”....
....”Al Mediodía”...
....”Brun, Brun”...

Satán

Personaje que encarna al Diablo, semidesnudo, con el cuerpo embarrado de aceite quemado, dos cuernitos negros, un rabo negro de aproximadamente 3 metros de largo y un tenedor gigante de madera. Este personaje se convierte en el cuco de niños y adultos, resulta además de mucha atracción entre los turistas y dominicanos en el desfile del Malecón.

El General Cocotico

Se originó a finales de los años 40. Fue creado por el profesor Manuel Emilio Acosta (Chito), quien junto a un grupo de amigos dieron origen a ese y otros personajes que representan el carnaval cotuisano en la actualidad.

Este personaje constituye una sátira al generalato y a la dictadura de Trujillo, en su presentación aludía a las acciones supuestamente positivas del régimen. Ocasionalmente se mencionaban las buenas acciones del gobernador de turno e inclusive se llegaba a imitar su voz. Aparecía vestido de yagua, una delante y otra detrás, cosidas con tiras del mismo material. La yagua se deja entera, con la parte doblada hacia abajo a 2 ó 3 centímetros del suelo y por lo menos 1 pies por encima de la cabeza del disfrazado.

La yagua debe ser seca y se puede mojar una o dos horas antes de ponérsela, es recomendable que la persona se moje también. La varita que soporta las dos yaguas es favorable que sea de piñón cubano. Se debe utilizar un palo de 4 pies de altura donde se coloca un higüero más pequeño que el cráneo humano con un rostro dibujado. Es preferible que el higüero esté verde para tomar su corteza y dibujarle un rostro. El rostro varía dependiendo a quién se esté satirizando. Al higüero se le coloca un quepis de papel periódico o papel de envolver. A la yagua delantera se le hace una abertura a la altura del hombro. Ambas manos y el cuerpo completo quedan cubiertos por las yaguas, por lo que este personaje no utiliza vejiga.

El mismo sale por las calles pronunciando slogans o frases y un grupo de niños y/o adultos lo corean: “General Cocotico”.... (bis)

Sus slogans principales son:
“Que viva el Jefe”
“Somos libres”
“La comida está barata”
“A comer, fiesta y beber”
“La paz en el mundo”, etc.

En los últimos 10 años este personaje enfoca problemas que afectan a la humanidad mediante figuras adicionales al disfraz. Por ejemplo: la visita del Papa a Cuba, por la paz en el Golfo Pérsico, represión sindical en nuestro país, la paz en Chiapas, los conflictos electorales dominicanos, entre otras temáticas. Después de la muerte de su creador, su hijo, Marién Emilio Acosta, ha continuado representando este personaje.

El Hombre de Lata

Es un hombre que se cubre el cuerpo entero con envases de latas de aceite. La careta que utiliza es del mismo material. En ocasiones este personaje sale con muchas latitas colgando de la camisa y los pantalones, pareciéndose al Papelús, pero en vez de papel usa latas. Su creador fue Kennedy Aquino (Bobote). En la década de los 80 y parte de los 90 este joven salía todos los años con un personaje diferente, convirtiéndose en uno de nuestros grandes creadores dentro de la fiesta carnavalesca.

Los Novios

Este personaje constituye una especie de comparsa, esta conformado por dos hombres uno vestido de mujer, otro trajeado y varios niños desfilando detrás. Entre sus interpretes más reconocidos están: Chuchú Núñez, Eleuterio Méndez(Piro) y Yeyeco de León.

Zancú

Personaje encarnado por Cheche Mieses, el cual, vestido de negro, un sombrero y con residuos de panal de avispas pegados en la cara, se paseaba por las calles, montado en unos zancos de madera que medían aproximadamente un metro y medio de altura.

Componentes característicos de los personajes

Culto a la naturaleza. Las plantas y los animales son símbolos permanentes de este carnaval, así tenemos el caso de la Culebra y los Siete Pecaos. El vínculo carnaval-naturaleza se expresa además a través del reciclaje permanente que se hace de los desperdicios: periódicos, plumas de pollo, hilachas de sacos, ropas viejas, etc. Las caretas (pico de cotorra, trompa de cerdo, etc.) reflejan también la presencia de la naturaleza en esta fiesta. Por tanto, el carnaval cotuisano se ha convertido en un agente de equilibrio y educación ecológica, convirtiendo la naturaleza en una de sus matrices inspiradoras.

Sátira social y moral. Algunos de estos personajes encarnan “los rasgos característicos del carnaval, como expresión de la fiesta de la carne, donde el pecado queda encerrado en el imaginario sagrado y se da riendas sueltas a las tentaciones humanas…” El Chiquito a fuera y el grande tapao, es un personaje que satiriza a través de la pornografía el manejo que se le daba a un tema tabú como es el caso de los órganos sexuales en sociedades, donde el nivel de escolaridad era reducido y las tradiciones pesaban mucho más que la educación formal en las actitudes de los seres humanos. En esa misma dirección se inscribe el personaje Los Novios, pues lo normalmente aceptado es que el noviazgo este formado por una mujer y un hombre, mientras que en el personaje son dos hombres, sacando a colación el problema del travestismo y la homosexualidad. La Litera o el Muerto de Perplejía, sintetiza la costumbre de aumentar el consumo de alimentos en Semana Santa y Navidad, pero al mismo tiempo satiriza los entierros, actos de toda solemnidad y recogimiento. Presenta la muerte como un acto de celebración, sin necesariamente ser así en el marco de la religión católica. En esa misma dirección se inscribe el Medio Día, constituye una especie de anuncio del consumo de habichuelas con dulce en la Semana Santa, su discurso estimula el consumo de ese grano. Expresa además, el carácter masivo de ese plato para el mencionado periodo y aporta suficiente elementos para el mantenimiento de esa tradición culinaria. Satán, es una recreación del diablo y su diseño y escenificación revela la manera como los seres humanos y de manera particular los cotuisanos lo han concebido en su cotidianidad. Representa un espanta niños/as dentro del carnaval y al mismo tiempo aspira a la convivencia del bien y el mal y la imposibilidad de encerrar en lo absoluto el pecado.

Crítica social y política. El carnaval por definición es una fuente de cuestionamiento a un orden social, moral y político establecido en una sociedad determinada. En el caso de Cotuí, el General Cocotico, representa una figura política cuestionadora del status quo, lo cual se realiza a través de mensajes subrepticios, combinados con alabanzas a la “autoridad”. El mismo fue creado en plena dictadura de Trujillo, por lo que sirvió de amplificación a las posiciones contrarias al régimen que circulaban en Cotuí. La presencia de la crítica social y política se ha traducido en diferentes personajes y comparsas de existencia muy efímera, pero que en cierta medida son una continuidad de los planteamientos del General Cocotico, donde lo protestatario se envuelve en lo satírico.

Imaginación y creatividad. En la actualidad el papelús en sus múltiples denominaciones y representaciones constituye la síntesis del carnaval cotuisano. Sin lugar a dudas, es el personaje que ha logrado mayores niveles de socialización en los diferentes estratos sociales de la comunidad. Sus disfraces rebasan las desigualdades económicas y sociales, pues resulta el más económico y de fácil elaboración. Ha pasado de una experiencia aislada, donde se utilizaban los remanentes de los útiles escolares ha toda una masificación de su uso en términos formales e informales. El papelús es un motorizador del aprendizaje espontáneo y del autodidactismo. Es el personaje que en su devenir ha integrado nuevos componentes tecnológicos, conservando la esencia. Sobre la matriz del papelús se han elaborado personajes de plumas de pollo, diferentes tipos de hojas, fundas plásticas, tela, flecos de sacos, etc. En cambio, los plantanuses no han logrado calar en el imaginario de los cotuisanos, pues todavía en la actualidad aparecen de manera marginal en los desfiles. La espontaneidad que caracteriza al carnaval cotuisano no se expresa con la debida fortaleza en el caso de los platanuses. El personaje que sintetiza el carácter de carnaval democrático y participativo, es el papelús. De la nada se puede elaborar un disfraz de papel, funda, etc. Sin embargo, papelús y plantanús constituyen ejes fundamentales de este carnaval, son los puntales de la singularidad del mismo.

Un carnaval aceptado. En décadas pasadas los mascaraos se movilizaban distanciados de los civiles (personas no disfrazadas). Estaban considerados como puras manifestaciones diabólicas, por lo que muchas personas se escondían, lo utilizaban como especie de cuco para los niños/as. Esa frontera entre mascaraos y civiles se fue reduciendo producto de la aceptación plena entre los habitantes de la localidad de la fiesta de la carne. Lo que significa un salto importante, pues los cotuisanos reconocen su carnaval, dejando atrás las concepciones autarquicas que distanciaban la fiesta de la población y la valoraban como un pecado. A tal punto que el macarao se consideraba veinticuatro horas fuera de la gracia de Dios. El nivel de aceptación es tan elevado que una institución cargada de rigidez como lo es la escuela, en el caso de Cotuí se encuentra asimilando el carnaval. Todos los años son más los centros educativos que se integran al desfile.

Institucionalidad

La organización del carnaval cotuisano ha descansado en la espontaneidad, históricamente en las diferentes demarcaciones barriales, jóvenes, niños/as, y adultos en la medida que se acerca febrero se inventan personajes, comparsas, disfraces y caretas. Sobre la base de esa práctica se ha mantenido este carnaval, la cual en los períodos de fuerte represión política fue muy efectiva, pues permitía a los macaraos en su proceso de preparación pasar desapercibido en la comunidad. De esta forma se ha sedimentado el carnaval en Cotuí. En algún momento trató de propiciarse cierto nivel de organización con la formación de la Unión Carnavalesca, pero esa entidad en poco tiempo dejó de funcionar como tal, pues su base social deberían ser los grupos de carnaval y éstos tienen una existencia muy efímera. En cambio, lo que se mantienen funcionando no necesariamente se han integrado a la Unión.

Por otra parte, el gobierno de la ciudad, el ayuntamiento se ha mantenido al margen de la realización de esta fiesta no existe una integración formal-institucional y sistemática a la organización y promoción de la misma. De manera aislada, se le ofrecen algunos aportes a determinados grupos, producto de las conexiones partidarias o personales que existan con las autoridades de turno. Las inversiones del ayuntamiento en el carnaval no son el resultado de una línea gerencial estratégica. La ausencia institucional del ayuntamiento ha llegado a tal grado que desde hace varios años no funciona un Departamento de Cultura en el mismo. ¿Cómo se explica, el poco apoyo que se le ofrece desde el gobierno local a una de las principales fiesta que tiene este municipio? ¿Dónde esta el trabajo que se esta realizando para fortalecer la identidad comunitaria? Desde el gobierno central, a través de la Secretaria de Estado de Cultura, los aportes son ínfimos, coyunturales y de difícil identificación.

En el marco de una coyuntura mundial donde las ciudades compiten entre sí, necesariamente se tienen que generar niveles de organización, los cuales no pueden convertirse en cinturones de restricción a la creatividad. En otras palabras no se puede malversar la autonomía de los grupos y las personas que participan en el carnaval.

Se tiene que crear un espacio institucional donde converjan todos los grupos y personas interesadas en el carnaval, con el propósito de propiciar más organización de esta fiesta. Lo que implica iniciar con suficiente tiempo la preparación de la misma, promover la formación de comparsas en los diferentes barrios e instituciones públicas y privadas, gestionar el apoyo de los comerciantes locales y nacionales en la dimensión que demanda la presente coyuntura. Dialogar y consensuar con las autoridades municipales una partida significativa dentro del presupuesto del ayuntamiento para apoyar actividades de capacitación (cursos, talleres, etc.) sobre carnaval y complementar el presupuesto de los diferentes grupos.

El fortalecimiento del componente institucional debe acompañarse de una estrategia mercadológica que nos coloque en una línea de competencia frente a otras ciudades cercanas y lejanas que celebran fiesta de carnaval. Conviene establecer redes de promoción con los cotuisanos que residen en otros lugares del país y el mundo, comerciantes y agentes turísticos, a través de plataformas digitales, visuales, etc. Necesitamos conectar esta celebración con las ofertas mundiales de turismo cultural y ecológico. De lo contrario, podríamos caer nuevamente en un carnaval para los cotuisanos. El diseño y ejecución de todo ese proceso debe involucrar a los diferentes actores del carnaval para que tenga sentido y sustentabilidad.

Pedagogía del papelús

Los diferentes centros educativos del municipio de Cotuí pueden convertirse en fuentes de conexión entre el carnaval y los niños/as y jóvenes de esta localidad. ¿De qué manera puede convertirse el carnaval en uno de los contenidos del currículum en el municipio de Cotuí? El carnaval dominicano aparece en algunos libros de texto y es posible que se trabaje en las aulas de los centros educativos dominicanos, pero se amerita de una pedagogía que apunte hacia la vinculación de lo local con lo nacional y lo mundial, ninguno de los tres niveles se puede descuidar. Todo lo anterior tiene que dejarse permear por una visión que asuma la cultura como un punto estratégico en el desarrollo de los pueblos. No conviene una pedagogía fundamentada en definiciones, repeticiones mecánicas, conceptos estáticos y estilos permanentes que pretenden enjaular la realidad e impedir que cambie, aunque cambia. Desde el carnaval podemos trabajar y cultivar los valores, concebidos en términos dialécticos.

El currículum tiene varios ejes transversales (cultura dominicana, identidad y diversidad, contexto social y natural, democracia y participación y creatividad y desarrollo de talentos). Precisamente el carnaval debe aparecer como un eje de trabajo, no de un/a maestro/a en particular, sino del centro educativo en sentido general. Es más en todos los niveles y grados del sistema educativo local debe introducirse de manera consensuada el tema del carnaval.

No estamos requiriendo la creación de una nueva asignatura, simplemente que apliquemos el principio de la transversalidad e integralidad y asumamos la vinculación de todos los contenidos relacionados al carnaval con las peculiaridades de esta fiesta en el contexto del municipio de Cotuí. Este trabajo no puede ser un ejercicio de aula, tiene que servir además para acercar la comunidad y la escuela. Entra por procesos de capacitación de los docentes en términos de las herramientas básicas del carnaval dominicano y cotuisano, diseño de disfraces, caretas y talleres para desarrollar la creatividad que tanta falta le hace al sistema educativo dominicano.

Implica además una jerarquización de los contenidos en función de los grados, de forma tal que desde el nivel de pre-escolar se trabajen los contenidos y de esta forma la niñez cotuisana integre el carnaval dentro de su comunidad de valores. Conviene aprovechar los jóvenes y niños/as que de manera silenciosa manejan las técnicas básicas para la elaboración de un disfraz y estimularlos para que transfieran sus aprendizajes en los centros educativos y sus respectivas comunidades. Desde luego, siempre creando, inventando a partir de la matriz fundamental: el papelús y sin descuidar la gama de personajes que en términos históricos alimentan el carnaval cotuisano.

Las acciones carnavalescas en los centros educativos deben complementarse con actividades colaterales similares a través de las juntas de vecinos, clubes, empresas, instituciones, todo en el ánimo de universalizar en el contexto cotuisano la práctica del carnaval, lo que tendrá su repercusión fuera de esta localidad.

Resulta favorable también, fortalecer la formación de los artesanos que existen y estimular el surgimiento de otros, de forma tal que afinen sus técnicas, intercambien experiencia con otros artesanos carnavalescos, sin descuidar la matriz de las caretas y los disfraces cotuisanos: los animales, los papeles, las hojas, fundas, etc.

La Pedagogía del papelús, no puede ser una consigna, o un enunciado sociológico, ésta tendrá sentido en la medida que sea asumida por los diferentes sectores sociales de esta localidad y principalmente los docentes, pues más allá de las adversidades propias del sistema educativo dominicano, todos tenemos el compromiso de impulsar esta propuesta. El fundamento pedagógico de esta propuesta debe descansar en la Exploración, Conceptualizción y Aplicación (ECA) procedimiento que permite recuperar los saberes previos asociarlos con los conceptos, sacar conclusiones y finalmente aplicarlos en el aula, en la comunidad y en la vida en sentido general, permite construir aprendizajes para la vida.

Bibliografía

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Entrevistas
Francisco Rincón
Marién Emilio Acosta
Antonio de Js. Cassó
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Alfredo de León Acosta (Yeyeco)