Saturday, December 30, 2006

BACHATA: 130 AÑOS EN DOMINICANA



La Primera presentación
de Cuco Valoy :
"Los Ahijados"
1958
"LA CULTURA DEL CARIBE HISPANO
EN LA BACHATA DOMINICANA"

Alejandro Paulino Ramos

(Resumen de la tesis "La Cultura del Caribe Hispano en la Bachata Dominicana", presentada por Alejandro Paulino Ramos. Maestría en Historia Dominicana. Universidad Autónoma de Santo Domingo, Facultad de Humanidades, División de Post grado y Educación Permanente, octubre 2006)



El autor parte de la existencia de una cultura común construida en más de 500 años de historia relacionada con la colonización de España en el Caribe, el exterminio indígena durante el siglo XVI, y la sustitución del trabajo de los aborígenes con la fuerza de trabajo aportada por la inmigración forzada de contingentes africanos. Estos tres elementos, principalmente, van a permitir el surgimiento de pueblos con culturas comunes, pero a la vez diversas. En la forma que esta cultura común se enraizó en cada territorio (Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico), compartiendo acontecimientos históricos comunes y en medio de todos los conflictos internacionales de la metrópolis con las potencias imperiales que les eran adversas, y en el marco de un intenso movimiento poblacional que abarcaba las tres Antillas hispanas, el hecho cultural marcó los vínculos y las diferencias de cada conglomerado, facilitando la convivencia, la solidaridad y el disfrute de modos culturales y folclóricos que fueron y son entendidos como propios.


Las islas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo constituyen el Caribe Hispano y forman parte, junto a Jamaica, de las Antillas Mayores, las que junto a las Antillas Menores fueron colonizadas por España a partir del siglo XVI, aunque a partir del siglo XVII la mayor parte de las pequeñas Antillas y Jamaica fueron colonizadas por potencias enemigas de España, sobresaliendo entre estas Francia, Inglaterra y Holanda. A partir del dominio español, francés e inglés sobre las Antillas es que podemos hablar del Caribe de habla hispana en contraposición a los “demás Caribes”, especialmente por el mantenimiento por siglos bajo condición colonial de España, por el idioma castellano que se hablaba y por la religión católica tradicional que se practicaba, entre otros aspectos que fueron comunes tanto en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico desde 1492 hasta finales del siglo XIX.

§ Sin embargo, como fruto del exterminio indígena y de la introducción del esclavo africano en todas las islas del Caribe, el componente étnico africano se va a convertir en la base fundamental del proceso poblacional y de mestizaje en todas ellas. La hibridación cultural resultante de esa situación y de los vínculos de cada una de las islas con los pobladores de una u otra potencia van a determinar la unidad dentro de la diversidad cultural caribeña.

§ Esos vínculos y rasgos culturales comunes en el Caribe de habla hispana (que trascienden en el aspecto africano a las demás Antillas), tienen sus más lejanas raíces en la forma en que España colonizó las Antillas a finales del siglo XV y más recientemente durante los siglos XVIII y XIX, en las constantes migraciones de importantes núcleos de poblaciones que por razones geopolíticas continentales y regionales, así como por situaciones económicas, políticas y sociales locales se establecerán de manera permanente unas veces y otras veces ocasionales en Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo principalmente. Estos movimientos poblacionales incluyeron en menor medida, aunque no de menor importancia, a las Antillas británicas y francesas. De estas colonias francesas se recuerda el éxodo población desde el Santo Domingo francés hacia Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo de miles de franceses, huyendo de la “revolución haitiana”.

§ Las relaciones establecidas en ese proceso van a provocar cambios e integraciones sociales y culturales incentivadas por apremios regionales y conflictos económicos, políticos y militares que enfrentaban a las potencias europeas, como fueron el Tratado de Basilea, la invasión de Toussaint Louverture a Santo Domingo, la dominación francesa de ese territorio español por más de siete años y la reincorporación de ese territorio a España a mediado del primer cuarto del siglo XIX. Junto a estos acontecimientos, la revolución de los esclavos y la proclamación de la independencia en la parte francesa de la Isla, la ocupación haitiana del territorio dominicano por más de veinte años y la anexión a España que puso fin a la Primera República entre 1861 y 1865.

§ En el caso dominicano, el movimiento migratorio fue permanente hacia Cuba y Puerto Rico desde principio de la colonización; se incentivó durante el siglo XVII, con la crisis desatada por las Devastaciones e Osorio y se hizo incontrolable a partir del Tratado de Basilea de finales del siglo XVIII y de las primeras tres décadas del siglo XIX. Esa migración sólo se detuvo en la Primera República (1844-1861) y se reinició, aunque no con la misma intensidad, a raíz del triunfo de los dominicanos en la Guerra de la Restauración (1863-1865).

§ Al producirse la Anexión de la República Dominicana a España, en 1861, la tendencia migratoria en el Caribe Hispano fue a la inversa y al territorio dominicano ingresaron más de veinte y cinco mil cubanos y puertorriqueños españoles. A partir de 1870 aproximadamente, esa inmigración al territorio dominicano creció grandemente impulsada por las luchas independentistas en Cuba y por igual razón y la crisis económica en Puerto Rico.

§ La inmigración de puertorriqueños y cubanos hacia Santo Domingo se va a constituir, en cierto modo, en el regreso pero transformado de una parte de la cultura que se había marchado décadas atrás, la que se integraba y re-adaptaba (junto al componente cultural heredado de los haitianos y el aporte de una importante inmigración de nacionales de las Antillas menores en busca de empleos), a la formación de la identidad dominicana.

§ En la integración de la población caribeña que se estaba dando en Santo Domingo a finales del siglo XIX, incidía determinantemente las luchas políticas en Puerto Rico y Cuba y el establecimiento en el territorio dominicano de la industria azucarera, la que junto a la inversión de grandes capitales provocó la modernización tecnológica y estimuló cambios en la forma de vida, a la vez que incitó el proceso de diferenciación y alejamiento entre el campo y la ciudad.

§ La República Dominicana, pero especialmente Puerto Plata, se constituyó a finales del siglo XIX en el principal polo de abstracción de la inmigración caribeña, especialmente la proveniente de Cuba y Puerto Rico, tanto por las posibilidades de trabajos en torno al comercio, el tabaco y el azúcar como por el apoyo y solidaridad a las luchas independentistas brindadas por Gregorio Luperón y su partido a los nacionalistas de esas colonias españolas. La presencia de estos inmigrantes provocó significativos cambios en la agricultura y la cultura. A partir de las primeras décadas del siglo XX, la región Este y parte del Sur fueron también atractivos para la inmigración caribeña.

§ En cuanto a las raíces culturales de los dominicanos, muy vinculados con el movimiento de la población caribeña y con los elementos relacionados con las formas en que las Antillas fueron colonizadas, estas están fundamentadas en un sincretismo en el que han participado principalmente el indígena desplazado y exterminado, el español colonialista y grupos étnicos africanos desarraigados de sus tierras y trasplantados en la región del Caribe. Con el tiempo la hibridación que dio paso al pueblo dominicano se hizo más compleja como resultado de la integración cultural que se dio entre los pueblos antillanos, sobresaliendo en los aportes culturales los elementos heredados de los esclavos africanos: del indio heredamos en la música dominicana la flauta de caña, las trompas de caracol, el güiro y la maraca; del español la guitarra, la pandereta de Andalucía y del hombre africano los instrumentos de cuero, entre ellos el bongó y los palos, así como los bailes introducidos en un proceso que se prolongó en más de trescientos años de historia.



§ Con estos instrumentos fueron apareciendo en la zona del Caribe géneros musicales que se expandieron más allá de la región y que eran del disfrute del pueblo: el fandango, el carabiné, la habanera, la danza, el danzón, los sones, la contradanza, el bolero, la guaracha, la tumba, el merengue y la bachata; pero en los grupos más acomodados de la sociedad eran preferidos la cuadrilla, la contradanza francesa, el schottisch, la gaviota, la polca, la mazurca y el cotillón introducidos por los europeos.

§ En la República Dominicana del siglo XIX el fandango y la tumba causaban furor, el carabiné se dejaba sentir protegido por la presencia haitiana en nuestro territorio y el merengue, que ya se encontraba presente en el Caribe, irrumpió con fuerza en las diversiones y fiestas de los dominicanos, principalmente a partir de la Primera República. (1844-1861).

§ Con las llegadas de los inmigrantes de Cuba y Puerto Rico a Santo Domingo, las músicas de estas islas, las cuales eran interpretadas con los mismos instrumentos utilizados en el país en los fandangos, encontró un espacio fértil para su integración y adaptación en sectores campesinos y urbanos, poniéndose de moda el bolero, el danzón y la guaracha, a la vez que el merengue se consolidaba en el gusto musical de los más desposeídos del pueblo dominicano, que los eran mayoritariamente los campesinos.

§ Fue la ciudad de Puerto Plata donde se concentró la mayor parte de la población cubana y puertorriqueña que ingresó a la República Dominicana durante el último cuarto del siglo XIX, la que de inmediato se dedicó a las labores agrícolas y una parte de ella a las actividades políticas independentistas. Esta inmigración era deseada y considerada de importancia por los puertoplateños debido al origen, idioma, costumbres y tendencias políticas.

§ Por su parte, los inmigrantes de las Antillas británicas, conocidos como cocolos, aunque también ingresaron a Puerto Plata, se concentraron en Santo Domingo y la región Este del país tomando a San Pedro de Macorís como centro de sus actividades laborales.

§ El contacto de estos inmigrantes con la población dominicana va a provocar un sincretismo cultural que se va a manifestar en el folclore y principalmente en la música y las fiestas que desde los años setenta del siglo XIX se celebraban en Puerto Plata y otros pueblos de la República Dominicana; la actividad conocida como fandango fue por mucho tiempo, desde la época colonial, una actividad social común tanto en la región del Caribe como en territorios continentales. El Fandango fue baile y a la vez diversión que se hacía al son de un tañido alegre y festivo, reflejo de holgura y al que concurrían muchas personas, y en el que la música se interpretaba con guitarra y maracas, gűira, cantores, un tiple, dos cuatro y a veces tambora. Considerado como baile de gente pobre, era común en los campos dominicanos y se celebraba casi siempre en una enramada a la luz de una lámpara jumiadora. La fiesta de fandango está muy relacionada con la vida campesina, el alcohol y la violencia.

§ Esa actividad social sufrió importantes cambios a finales del siglo XIX, debido a la intromisión del acordeón en el merengue, los cambios demográficos y tecnológicos que se produjeron en el período y a la consiguiente diferenciación entre la forma de vida de los moradores de las zonas urbanas y campesinas, llegándose a la desaparición paulatina del término fandango, para dar paso al de bachata, vocablo que fue introducido en la República Dominicana por los cubanos y que era propio también de los puertorriqueños, en el último cuarto del siglo XIX.

§ La bachata, como fiesta, baile y diversión es considerada como propia de la región del Caribe hispano, especialmente de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo y una actividad de gentes pobres, pero en especial de los pobres de las zonas urbanas del país. La bachata es lo mismo que juerga, jolgorio, parranda y en Santo Domingo se le tiene como baile de barrios, donde se interpretaban las guitarras, el gűiro, el pandero, el bongó y los palitos. Las fiestas de bachatas estuvieron desde principio muy relacionadas con la prostitución, el alcohol, y al violencia.

§ En el proceso de cambios de término de fandango a bachata, posibilitó que en las zonas campesinas al primero también se le conociera durante décadas, como jolgorio, que en cierta forma englobaba a los dos anteriores y que se definía como fiesta campesina de “poca monta”. Tanto el fandango como la bachata y el jolgorio eran fiestas o actividades sociales de diversión rechazadas por los grupos sociales de clase media y alta.

§ El término bachata como sinónimo de fiesta, pasatiempo y diversión se introdujo desde Cuba a principio del tercer cuarto del siglo XIX. Traído por los cubanos que escapaban de los conflictos políticos y militares que se habían iniciado en la guerra de independencia en 1868 y que se prolongaron durante diez años, hasta 1878. Desde esa Isla emigró hacía Santo Domingo la inversión de capitales y los recursos humanos que van a hacer posible el surgimiento de la industria azucarera, a la vez que se hacían presentes miles de exiliados políticos y económicos, que al integrarse con los dominicanos terminaron influenciándolos con sus músicas y folclore.

§ Aunque el término Bachata se introdujo desde Cuba, ya en Santo Domingo existía desde la época colonial el Fandango, que era una actividad social donde se bailaba y se divertían los dominicanos con las mismas características de las bachatas cubanas, por lo que al llegar los inmigrantes cubanos, la población urbana, comenzó a dejar de usar el término fandango para referirse a las fiestas populares pasando a referirse a las mismas como bachatas.

§ Ese proceso, que comenzó a mediado de los años sesenta del siglo XIX, se fortaleció al introducirse en el país, junto a los referidos inmigrantes, géneros musicales como la danza, el bolero y la guaracha, siendo esta última poco atractiva entre los campesinos, que preferían seguir bailando el merengue mientras que los pobladores más pobres de las zonas urbanas muy pronto se fueron contagiando con los géneros recién llegados.


§ Esta situación fue posible, debido a que el inicio de la industria azucarera comenzó a marcar una diferenciación entre las actividades tradicionales que se realizaban en la zona rural con las industriales que comenzaron a ser practicadas en las ciudades. Esa diferenciación se dejó sentir como contradicción en los años setenta del siglo XIX, tanto que las autoridades de la época llegaron a llamar la atención sobre ese particular. La otra razón que marca los cambios que se estaban generando en la música dominicana tiene relación con los inmigrantes cubanos (y entrando el siglo XX los inmigrantes puertorriqueños), los cuales se fueron concentrando en la zona urbana y en los bateyes cañeros, mientras que la gran masa de dominicanos siguió habitando en el campo.


§ Y guarda relación también con la aparición del acordeón, traído desde Alemania para la misma época. Las investigaciones realizadas por varios de nuestros principales folcloristas, demuestran que el género musical conocido como Merengue tiene sus raíces en el Caribe hispano, a la vez que apareció en la República Dominicana a partir de la Primera República (1844-1861), desplazando el género conocido como La Tumba y calando rápidamente en el gusto musical y bailable de la población campesina, la que constituía en aquellos tiempos más del 80 por ciento de la población.

§ Hasta ese momento en los fandangos (donde se bailaba merengue y otros ritmos), la fiestas se hacían al compás de la música interpretada con el tiple y otras bandurrias, así como las maracas, el güiro y la tambora o en su defecto utilizando el balsié o un tambor con un solo parche. Pero al introducirse el acordeón, las orquestas que interpretaban merengue lo acogieron de inmediato y lo popularizaron en el campo, mientras que en la música que se tocaba en las ciudades, incluyendo el merengue, el bolero y la guaracha siguió siendo tocada con los mismos instrumentos con que se amenizaban los fandangos y que se tocaba el merengue, es decir el tiple, cuatro, las maracas, la güira y el balsié o la tambora; se hizo moda de las fiestas de bachatas tocar la tambora poniéndola entre las piernas en posición vertical y tocarla como si fuera un tambor. Temprano, el siglo XX, los timbales y el bongó se introdujeron en las orquestas de bachatas.

§ Por otro lado, las fiestas de bachatas en la República Dominicana tienen sus orígenes en la ciudad de Puerto Plata, donde se concentró la mayor parte de los cubanos que ingresaron al país durante el siglo XIX, de donde se expandió a otras localidades de la zona del Cibao, principalmente, y en la zona donde fueron instalados los ingenios, como es el caso de San Pedro de Macorís y las poblaciones cercanas a la misma.
En la zona de la capital la fiesta de bachatas se hicieron populares en los pocos barrios pobres que se formaron desde principio del siglo XX, especialmente en los lugares que se conocían como Galindo, Galindito (Barahona del Norte y luego Borojol), y Villa Francisca.

§ Si bien es cierto que las raíces del género musical conocido como bachata se encuentran relacionado con el tipo de fiestas urbanas donde se bailaba merengue, boleros y guarachas (principalmente), al compás del tiple, los timbales, la güira y las maracas, ya para los años veinte del siglo pasado, cuando se incrementó considerablemente la inmigración de puertorriqueños y la sociedad se hizo más liberal, a la vez que comenzaron a llegar los aparatos de reproducción de sonidos y las grabaciones de artistas cubanos, mexicanos y puertorriqueños que fueron radiodifundidos por las ondas hertzianas, es que definitivamente se constituye ese género, pasándose a designar como bachatas la música que se interpretaba en este tipo de fiestas y con los referidos instrumentos.

§ Ese proceso de definición del género se hizo determinante a partir del refuerzo provocado por la presencia de artistas populares que ingresaron al país desde principio de los años treinta (como es el caso de Los Matamoros), contagiando el gusto musical de amplios sectores de la población dominicana donde era posible escuchar una emisora, participar en actividades propias de cabarets donde el picot y luego la vellonera, con los últimos discos salidos al mercado se convertán en la novedad. Estos aparatos permitían escuchar y disfrutar de la música que estaban de moda.

§ Mientras el contacto con la tecnología musical era posible en algunas ciudades, en los campos y en sectores pobres de la ciudad eran las orquestas improvisadas las que amenizaban las actividades bailables y de diversión de los moradores y donde músicos sin conocimientos y sin ningún tipo educación musical alegraban a la concurrencia.

§ De esos músicos surgieron los primeros bachateros dominicanos, los que a finales de los años treinta del siglo XX fueron encontrando espacios en radioemisoras que les abrieron sus micrófonos “en vivo” (que participaban en programas de aficionados), y orquestas casi siempre imitadores de los ritmos y canciones que sonaban en los discos.

§ En todo el proceso que va desde principio del siglo XX hasta 1961, los pobladores de los campos dominicanos se fueron adaptando a la música de bachata, mientras que en las zonas urbanas esta seguía siendo rechazada por los grupos de clase alta y media, e inclusive por sectores pobres por considerar que esa música era propia de personas “sin cultura”, visitantes de cafés y cabaret, y del gusto de militares, chiriperos y prostitutas.

§ Fue a partir de la muerte del dictador Rafael L. Trujillo en 1961, cuando, como fruto del rompimiento de los controles demográficos impuestos por el gobierno, que las principales ciudades del país y en especial la ciudad de santo Domingo, comenzaron a ser abarrotadas por inmigrantes de las zonas rurales dando paso al surgimiento de numerosos barrios periféricos a la ciudad y de paso abriendo una brecha en la que se encontraban en un mismo espacio los pobladores campesinos y urbanos.

§ La llegada de esos inmigrantes pobres que provenían en principio de los núcleos urbanos de los campos dominicanos y que gustaban de las bachatas, se integraron con la población donde esa música era ya actividad y género musical preferido, como eran los casos de Borojol y Villa Francisca, pues todavía en los años sesenta esta música no era del agrado de los moradores de los sectores de Ciudad Nueva, Gazcue, Zona Colonial y otras que iban surgiendo y donde residían personas de buenas posiciones económicas.

§ Es en medio de esas inmigraciones a la capital y surgimiento de los barrios marginados, cuando aparece Radio Guarachita (aunque desde los años cincuenta ya había emisoras que difundían las canciones conocidas como bachatas), emisora que se va a convertir en un medio de comunicación permanente entre la población que se quedó a vivir en sus pueblos y sus familiares que se fueron a vivir a la Capital, a la vez que difundía y promovía comercialmente la música de bachata que era conocida en aquellos días como “música de amargue” y “música de guardias”.

§ Como colofón a todo lo que acabamos de explicar, podemos sintetizar diciendo que la bachata como actividad bailable y de diversión es un hecho cultural caribeño, que en Santo Domingo era conocido como fandango y que, como fruto de la lucha por la independencia de Cuba y Puerto Rico, y además por los cambios económicos y tecnológicos que sucedieron en la República Dominicana a finales del siglo XIX (provocando una masiva inmigración de cubanos y puertorriqueños), comenzará a transformarse de fandango a bachata. En ese proceso tienen mucho que ver los instrumentos que se utilizaban en los fandangos y la aparición del acordeón en el merengue, a la vez que los nuevos inmigrantes caribeños aportaban géneros musicales que se interpretaban con los mismos instrumentos que antes se amenizaban los fandangos.

§ Mientras el fandango se quedó en el campo y luego se transformó en esa zona en jolgorio y terminó en ese espacio permitiendo la convivencia (en los núcleos urbanos de la zona rural), del merengue y la bachata, entre los pobladores de las zonas marginales (zonas de pobreza, vida de patios, chiriperos y prostitución), de la principales ciudades, especialmente de la Capital, se acogió con beneplácito el bolero y la guaracha cubana y la danza puertorriqueña, favoreciendo en un rápido proceso de hibridación cultural el surgimiento del género musical que hoy conocemos como bachata.


Friday, December 22, 2006

PEDRO FRANCISCO BONÓ



CULTURA CAMPESINA EN LOS ESCRITOS DE PEDRO FRANCISCO BONÓ
Alejandro Paulino Ramos
(Conferencia auspiciada por la Escuela de Filosofía, Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de Santo Domingo, en el marco de la conmemoración del primer centerario del fallecimiento de Pedro Francisco Bonó. Biblioteca Pedro Mir, Octubre 2006).

Pedro Francisco Bonó nació en Santiago de los Caballeros en 1828, tocándole vivir el período de la transición de la economía del hato ganadero a la economía comercial e industrial. Aunque nació en Santiago residió la mayor parte de su vida en la ciudad de San Francisco de Macorís, conociendo profundamente la forma en como los campesinos del Cibao se desenvolvían en la cotidianidad, cómo producían sus riquezas y cómo practicaban sus costumbres y naturalezas.
Fue un estudioso de la economía ganadera y de la producción agrícola, además de mantener sólidos vínculos, en su condición de alambiquero, con el comercio de la región, además de poseer un amplio bagaje intelectual que le permitía profundizar en las problemáticas políticas y social de su época. Falleció el 14 de septiembre de 1906.
Gran parte de su producción intelectual se encuentra dispersa en revistas y periódicos de la última mitad del siglo XIX, y recopilada por Emilio Rodríguez Demorizi en la obra “Papeles de Pedro Francisco Bonó”, mientras que su novela El Montero (posiblemente la primera novela divulgada por un dominicano), apareció publicada en París, en el periódico español El Correo de Ultramar, en 1848. El Montero fue considerada por su autor en 1880, haciendo acopio de su humildad, como una “obrita relegada y olvidada con los papeles viejos en que está incorporada” y publicada cuando “tenia por compañera a la pobreza” y le faltaba más instrucción clásica.
Como político de mediado del siglo XIX, recogió en sus escritos la experiencia alcanzada en cada uno de los aspectos en que estuvo implicado y en su condición de sociólogo, de cuya disciplina es el primero en abordarla científicamente en la República Dominicana; sus Apuntes sobre las clases trabajadoras dominicanas, lo sitúan entre los grandes pensadores de la historia dominicana.El pueblo dominicano es el resultado de una hibridación que se produjo como parte, primero de la integración del indígena con el español y muy pronto, mucho antes de que tocara el medio siglo XVI, un tercer componente étnico vino a determinar el conglomerado humano que se ha proyectado hasta hoy.
La forma en que se dio esa integración guarda estrecho vínculo con los modelos económicos impuestos desde la misma llegada del español y el consiguiente exterminio indígena que sentó las bases para la introducción masiva de los esclavos africanos. En poco tiempo, las autoridades coloniales impusieron el tributo en oro, las encomiendas de indios y la industria azucarera basada en el trabajo esclavo, al mismo tiempo que crecía y desarrollaba integrada al ingenio una economía ganadera que va a determinar a partir del siglo XVII, la existencia de una sociedad donde el hatero propietario, el mayoral, el ranchero, el liberto y el esclavo van a interactuar en un mismo espacio y en una actividad, que Pedro Francisco Bonó va a considerar como poco productiva y sin condiciones para producir las riquezas que el país necesitaba para avanzar.
Esa actividad que junto al hato ganadero se hizo común a los diferentes sectores de la población dominicana fue la montería y el campesino dominicano, lejos todavía de lo que podía constituir una economía agrícola, devino en un proceso que se prolongó por más de trescientos años, en lo que se conoció como el montero, personaje que se ocupaba dentro de la economía del hato, de—como dice Antonio Sánchez y Valverde en Idea del valor de la isla Española—de buscar en los espesos montes el ganado requerido por el patrón: los pastores de La Española que se ocupaban de la cría de animales, tenían que madrugar todos los días y “salir descalzos, pisando el rocío o el lodo, en busca del Caballo que han de montar para sus correrías. (…). Condúcela el pastor a la casa y después de aparejarla, se desayuna con un Plátano asado, si le tiene y una taza de Jengibre o de Café, que es todo su alimento hasta la hora que vuelve. Así desayunado, monta a caballo y va sufriendo los ardores del Sol o la molestia de las lluvias por bosques, monte o sabanas. (…). A él se añade el que llaman Montear, al cual deben darse con más o menos frecuencias, según pide la subsistencia de la familia que mantienen, no de lo que crían, sino de lo que cazan, en un País que sólo el día de la matanza puede comerse la carne fresca y donde casi todo el alimento es la vianda fresca o salada, especialmente en los Hatos.” (Antonio Sánchez y Valverde, Idea del Valor de la isla Española, pág.195).
El propietario o hatero es el individuo que se ejercita en el cuidado del hato y la crianza de los animales y se distingue del montero en que el primero anda a caballo y el segundo casi siempre a pie. El primero salva grandes distancias buscando el ganado mayor por las sabanas y el segundo camina por los bosques o montes valiéndose de estrechísimas veredas practicadas en la espesura para buscar los trozos de cerdos.Esta descripción hecha por Antonio Sánchez Valverde en Idea del valor de la isla Española se ajusta a la narración que sesenta años después va a realizar Pedro Francisco Bonó en su novela El Montero, la cual me propongo brevemente comentar más adelante: “Sale el montero, descalzo y a pie por lo regular, con una lanza y sus perros. Si va a caballo, tiene que dejarle a la entrada del bosque o montaña. (…). Aun así ha de hacer mil contorsiones con su cuerpo para entrar y poder seguir la caza. Suelta uno, dos o más perros (…). Al ladrido de estos corre el pastor con su lanza, rompiendo ramas, pisando espinas y tropezando con ganchos, en que quedan los harapos de la camisa o calzones, y no poca veces la carne. Tiénese feliz si encuentra un buen toro o un berraco grande (especie de jabalí) que le embiste con furia y con el que lidia hasta matarle (…). Sus pies crían una soleta o costra del espesor de un dedo con la continuación de andar descalzo. Las espinas, que son muchas (…), suelen no penetrarle a lo vivo. (…). Todo el día que ha pasado en montear, se ha mantenido mitigando la sed con naranjas agrias o dulces, según las encuentra, y engañando el calor natural con alguna fruta silvestre que se presenta al país. “(obra citada, pag.196).
Por otro lado, es interesante adentrarnos un poco en la forma en que Moreau de Saint Mery en su obra Descripción de la parte española de la Isla de Santo Domingo (1783), describe la cultura del montero: Para este autor que nos visitó a finales del siglo XVIII, Santo Domingo vivía del hato, abandonado y sin motivaciones para la producción de riquezas, sin conocer de necesidades complicadas que satisfacer: “Una camisa, una chaqueta y un calzón de tela de cutí o terliz; tal es el vestido ordinario del colono, que anda muy a menudo descalzo”. (pág.83).Las mujeres llevan una especie de basquilla a saya, comúnmente de color negro: unas espacies de corpiños y una camisa que no desciende siempre mucho más debajo de la cintura. Sus hermosos cabellos, sin polvos, van trenzados; a veces van anudados con una cinta en forma de venda; y un lujo verdadero es, pero que no se usa sino en las grandes ciudades, el llevar una cofia o redecilla o sujetar los cabellos con gruesos alfileres blancos, adornados con piedras falsas y de colores. A veces son flores campestres, pero es fácil comprender que esa moda no les place mucho. Las mujeres llevan también aretes en las orejas y los cambian con frecuencia; del Cabo Francés (Cabo Haitiano), es de donde vienen esas joyas que las mujeres tienen un placer especial en usar con cierta especie de coquetería” (pag. 83).
En los campos son las mujeres las que preparan las comidas y las que sirven; muy a menudo ni siquiera se sientan a la mesa y comen sentadas en el suelo. La moda comienza a influir un poco y algunas españolas llevan casaquines o jubones. Las mujeres se ocupan de la costura y no viven recluidas como en España y no llevan el velo o la mantilla sino cuando van a la iglesia, en donde nadie se sienta y todas se colocan en un lado y los hombres de otros.Los dominicanos acostumbran a tomar la siesta después de la comida y las enfermedades son muy frecuentes donde no hay médicos ni cirujanos, con excepción de la ciudad de Santo Domingo. Son aficionados a las armas y su canto es muy monótono, acompañados de una guitarra ronca, “que se queja dolorosamente de la torpeza de los dedos que la tañen, o simplemente con el sonido de una calabaza o maraca que agitan, o sobre la cual ejercitan sus manos poco armoniosas. Al oír semejante canto, al contemplar baile tan singular, seria muy difícil conocer en ellos los hijos del placer”. Y se divierten al compás de un bailecito llamado fandango, en el que una joven, casi siempre bonita, comienza a bailar en medio de un corro de espectadores”.
Muchas de estas observaciones recogidas y aparecidas en la obra de Moreau de Saint Mery, eran conocidas de Pedro Francisco Bonó, quien conocedor de la vida campesina, llegó a recibir consejos de su amigo Ulises Francisco Espaillat de que escribiera sobre la vida del campo, la crianza del ganado, la mejora de pastos, el pastoreo del ganado, la prohibición de vender las hembras y la riqueza rural. (Carta de Espaillata a Bono el 3 de julio de 1876). Bonó era crítico del juego de azar y su pluma tronaba contra las galleras (el deporte nacional de la época), así como contra la superabundancia de días festivos, por la perdida de tiempo y riquezas que significaban y favorecía la construcción de caminos, la protección de la agricultura y del campesino, así como el mejoramiento de las clases trabajadorasEntendido en los asuntos de la vida del campesino cibaeño y de los cultivos que más beneficios le dejaban a su familia y al país, Bonó era un radical defensor de la producción de tabaco, al que consideraba la mayor y única riqueza de la República Dominicana y en la que estaba “cifradas las esperanzas de varios miles de personas y de familias, porque en cada cosecha circula más de un millón de pesos entre ellas repartido”.
En su condición de Ministro de Guerra de la Restauración conoció una parte importante del territorio dominicano, de sus habitantes y su cotidianidad y como intelectual que conocía el valor de lo escrito, iba encargándose de describir sus experiencias y de ir dejando a la posteridad detalles, muchos de los cuales se acercaban a relatos de los episodios en los que él se implicaba, y de paso iba describiendo la cultura campesina de entonces.Ejemplo de lo antes dicho, aparece en su escrito Episodios de la Restauración, del cual cito los siguientes párrafos: En el Cantón una multitud de soldados tendidos en el camino acostado de una manera particular: una yagua les sirve de colchón y con otra se cubrían, de manera que aunque lloviera como acaba de suceder, la yagua de arriba les servia de techumbre y la de abajo como una especie de esquife, por debajo de la cual se deslizaba el agua y no lo dejaba mojar. A esta yagua en el lenguaje pintoresco de esa época se le llamaba la frisa de Moca. En muchos ranchos se oía el rosario de María con oraciones estupendas. Dos o tres ciriales alrededor de una enjalma tendida indicaban una talla. Al pasar cerca de ellos vi que uno decía que había ganado seis reales y otro que había ganado cuatro y otro que había ganado cuatro hojaldras de catibía” (En el Cantón de Bermejo, pág.120). y aclara que “cada soldado es un montero” y tenían habilidades para adquirir sus alimentos: unos cogían calabazos y bajaban por agua al arroyo, otros mondaban plátanos y los ponían a asar y en los ranchos no faltaba una tasajera con uno dos tocinos, que cocinaban en un improvisado fogón “clavando en tierra tres estacas gruesas a una altura de seis pulgadas, formando un triangulo rectángulo sobre los cuales” asentaban el caldero.
Es notorio en sus escritos, la habilidad muy rara todavía entre los estudiosos de los problemas culturales, para descubrir la relación entre economía y práctica cultural. Por ejemplo, para él el tabaco era una actividad económica que provocaba actividades colectivas de las que surgían costumbres en la sociedad campesina. “Por dondequiera—decía él—cruzan tongos, serones, y pacas de tabaco; por doquier veo los almacenes atestados de esta hoja y a un enjambre de trabajadores de ambos sexos, apartando, enmanojando, pesando y enseronando. Yo veo las tiendas atestadas de compradores, llegan y desaparecen los surtidos, en una palabra hay una circulación de riquezas triple a la del resto del año, y esto por consiguiente es lo más importante” (Apuntes de las clases trabajadoras dominicanas, pág.193).
Favorecía la producción agrícola, especialmente del tabaco, pero aborrecía el hato ganadero, la ganadería libre, cuyos dueños llevaban “en las despoblada y yermas ciudades dominicanas una vida supersticiosa, holgazana y embrutecida”, mientras que los aparceros o mayorales son más embrutecidos y se conforman con “un poco de tasajo frito, o sancocho agrio por toda la vida, y por solo haber mobiliar, un trabuco, una lanza, una espada, un postro enjaezado con un fuste medio retobado, y una capa de paño basto. Este haber, salvo el caballo, era transmitido de generación en generación en la familia cuya vivienda, desnudez y apocamiento causaban lastima, tan ruinosa y exageradas eran.” (Las clases trabajadoras, pág.218) Pedro Francisco Bonó era del criterio del que el delito era producido por la economía ganadera y en la forma como esta se practicaba, encontrándose la economía campesina, que era la economía del país pues más de un 75 por ciento vivía lejos de las ciudades, y que ésta se hallaba arrinconada en el hato ganadero desde los tiempos de la colonia: “El fondo de la riqueza en el país consiste en animales de crías, es decir, que los habitantes como pueblo casi primitivo, son aún pastores, pero los ganados no son guardados directamente. (..). Los animales vagan sin pastor (…), en sabanas inmensas, en bosques vírgenes”” motivando e inclinando la tentación del hurto, y lo que sólo cambiaría cuando los dominicanos se convirtieran en pueblo de agricultores. (Actuación publica en 1867. Tratado dominico-haitiano de 1867, pág. 142). En ese medio, las riñas y las heridas “son comunes, porque el dominicano es valiente y más que por eso, porque siempre anda armado” y (…) ninguno sale de sus casas sin su sable”.Refiriéndose a la producción de arroz, que muchos estudiosos de la historia de ese producto creen más reciente, explica la existencia de ese cultivo en La Vega, “pero sólo el que lo come sabe las malas semillas que se cruzan y confunden con las buenas en los conucos; arroz canillita, el congo, el amarillo largo, el punzante, etc . que son de difícil digestión”. (El comisionado especial de agricultura de la provincia de La Vega, 1876, pag.155).
En cuanto a la producción de riqueza agrícola, plantea que ésta casi no existe en la República Dominicana pues en el país no hay haciendas que puedan producir una renta regular. Lo que existe son las vegas de tabacos, algunos trapiches y una pequeña agricultura “viviendo al día”, un poco de café, cacao y otro frutos menores. La extracción de madera es otra industria que no debe llamarse productiva, sólo destructiva”.El trabajo agrícola se hace en la proporción “de un quinto de las fuerzas disponibles, distraídas como permanentemente está en servicio de guerra inútil o servicio civil mal indicado”. La mitad del año los agricultores la pasan en campañas o acuartelados; la otra mitad la consagran al servicio civil ordinario y gratuito; ya en rondas de vigilancia política; en persecuciones de delincuentes, en guardias semanales sin objeto, en situaciones de interés privado, en correos, en prestaciones personales de caminos, fabricas públicas, etc. (…). Son las mujeres y los niños los que vienen a dar cumplimiento a todas las faenas del campo..” (Trabajo muscular de la nación, pp.159-160)Y vinculando el trabajo que produce riquezas y las costumbres, plantea lo siguiente: “Los dominicanos guardan las tres cuartas partes del año, comprendiendo en ella: los domingos, los días de ambos preceptos, los preceptos de misa, los de los patronos generales y particulares, los tres días de las cuatro solemnidades pascuales, los de los santos abogados de los gremios de las enfermedades de los ojos, garganta, muelas, partos, terremotos, cosas perdidas, etc. Imprimiendo en su abstención, no la idea religiosa, santa y pura de la oración, buenas obras o recogimiento, pero atribuyendo al acto del trabajo útil y honesto, castigos próximos y eventuales por haberse hecho en el día que creen de guarda. (…), siendo socorrida la opinión entre los obreros y labradores de que quien trabaja en uno de esos días feriados por su idolatría, incurre en lesiones traumáticas o en resultados negativos en el mismo trabajo”. (Ley religiosa-tiempo empleado en trabajo, pág.161)
Sobre el juego de gallo, actividad que era común en todo el país, incluyendo las ciudades, expone como “los sábados, domingos y lunes de todas las semanas, se amontonan diez o doce mil agricultores, algunos con sus mujeres e hijos, gritando, gesticulando, apostando, desgañitándose; rodea a esta valla una, dos, tres o más mesa de juego de azar, aquí los dados, allá el monte, acullá la veintiuna. Hay un departamento de bebidas alcohólicas que siempre es pocas para apagar la sed de los desgañitados; hay el salón de baile en permanencia que se calma de día y recrudece de noche, y todo esto cercado de bateas y bandejas cargadas de dulces, licores, fiambres, cigarros, vendidos por mujeres la mayor parte cortesanas” (ob. cit., pág.162). En este tipo de vida el joven se hacen “viejos caduco que ya sin vigor sólo piensa en jugar lo que adquiere, beber aguardiente y cuidar de sus gallos y gallinas de calidad”, aclarando que el dominicano no rehúsa “la hospitalidad al que se la pide” y acostumbraba a comer sancocho.Interesante resulta, como referencia a épocas pasadas, la forma en que se constituía la familia campesina: “Un joven labrador llegado a su mayor edad quiere emanciparse. Su padre pobre estanciero o ranchero, no le da ni puede darle más que algunos cordeles de tierras de monte. En el primer año por un esfuerzo, el mozo tala, tumba, cerca, habita y siembra unas tantas tareas de maíz, plátanos, yuca y en el segundo año, por otro esfuerzo, apropia materiales para un bohío que fabrica con su hacha y su machete. Ya tiene vivienda y comida para algún tiempo y entonces se casa. La mujer comparte sus cuidados; sus faenas, pero además de sus consumos personales aporta los de partos, enfermedades e hijos. La familia harta y a cubierto, está desnuda, enferma, sin médicos ni medicinas y la vista fija en el jefe que la ha creado, todo lo espera de él” (Apuntes de las clases trabajadoras, p.193).
Como hemos podido comprobar, Pedro Francisco Bonó se encontraba para su época por encima de la capacidad intelectual para describir la cultura campesina y lo hizo magistralmente a través de su novela El Montero.
Quisiera ahora, antes de terminar que ustedes me permitan reseñar la cultura campesina en la forma que la presentó Bonó en su ya citada novela, en la que el montero vive de la caza del puerco montaraz, al que persiguen desde temprano vestido con una chamarreta de burda tela de cáñamo con calzones de lo mismo sujetos a la cintura por una correa con su hebilla de acero, machetes cortos de cabos de palo y vaina de cuero, cuchillo de monte, eslabón de afilar pendiente de la correa y con una cadenita de hierro, he aquí el vestido. Agréguese para evitar los estorbos de sombrero entre zarzas y malezas, el montero cubría su cabeza con un gorro de paño que en su primitivo origen debía ser negro. (El Montero, pp. 48-49).El montero olvida los peligros de su profesión cuando supone la caza de un jabalí. Cuando llega a su casa después de la cacería, pronuncia la frase “Ave María” la que impone el silencio y rezan el Ave María, llevado por la sonora voz del amo de la casa y después del “Sin pecado concebido” los hijos y niños que estaban arrodillados piden la bendición a las personas mayores .
La casa del montero y su familia, iluminada por un haz de pino encendido, se compone “de cuatro o cinco rollos de seiba que servían de sillas en competencia con una barbacoa, mueble formado por cuatro estacas clavadas en el suelo, soportando dos cortos palos atravesados, sobre los que descansaban cinco tablas de palmas barnizadas por el continuo frote de los cuerpos” (pag.51). Ellos “son los que fabrican sus viviendas, y que el único instrumento de que se valen es el corto machete de trabajo que también sirve para sus cacerías y hasta en el caso fortuito par su defensa, razón porque tampoco es de extrañar que el machete y el montero sean inesperables, que puede decirse es uno de sus miembros”. Duerme en una hamaca tejida de delgadas cuerdas de majagua y cena sancocho de tocino utilizando cucharas de jigüero. (pág. 55).
Para declararse el amor, entre criadores y monteros, los jóvenes lo hacen “primero con los ojos, como en toda partes, luego el hombre apoya fuertemente un pie sobre el de la mujer, y esto equivale a una declaración circunstanciada y formal; si no la mujer retira el pie y queda seria, rehúsa; si lo deja y sonríe, admite, en este último caso se agrega—Quieres casarte conmigo—y si una necia sonrisa acompañada de un bofetón le responde, trueca un anillo de oro o plata con ella y quedan asentadas las relaciones amorosas”. (pág. 59).La diversión por excelencia en la sociedad que habita el montero es el fandango, “arena de las declaraciones”. El fandango es una “danza especial; el fandango son mil danzas diferentes, es un baile en cuya composición entra: un local entre claro y entre oscuro, dos cuatro, dos güiras, dos cantores, un tiple, mucha bulla, y cuando raya en lujo, una tambora”. (pág. 59).
El fandango es una reunión social, donde a la luz de una jumiadora los que se divierten y embriagan de aguardiente casi siempre terminan en desenfrenada violencia, donde las heridas y las muertes, como bien narra nuestro referido autor que nació en 1828 y falleció en 1906, son el colofón de la fiesta.Como no tenemos tiempo para contarle todo lo que de la cultura campesina trae la obra El Montero de Pedro Francisco Bonó, sólo me queda sugerirle la adquisición de la misma y tal vez leyéndola podamos comprobar, hasta donde ha evolucionado el pueblo dominicano. Muchas gracias.

Sunday, October 01, 2006

OCUPACIÓN MILITAR AMERICANA Y CAMBIOS CULTURALES

CAMBIOS CULTURALES DURANTE LA OCUPCIÓN MILITAR AMERICANA (1916-1924)

Por: Alejandro Paulino Ramos

(Conferencia auspiciada por la Consultoría Cultural de la Secretaría de Estado de Cultural, como parte del Taller sobre Política Cultural, Legislación y Derechos Culturales, Santo Domingo 2 de septiembre del 2006).

La República Dominicana sufrió profundos cambios económicos, demográficos, tecnológicos y culturales a partir de los años setenta del siglo XIX, como fruto del establecimiento de la industria azucarera y con ella la inversión de capitales foráneos, el surgimiento de un sector de trabajadores que abandonó las faenas campesinas para convertirse en obreros asalariados, la construcción de líneas férreas, el transporte de pasajeros, el comienzo de la utilización de la luz eléctrica, y el rompimiento de vínculos culturales y económicos con países europeos para consolidar desde principio del siglo XX, los lazos culturales y económicos con los Estados Unidos de Norteamérica.

Junto al desarrollo de ese capitalismo incipiente que dejaba en el olvido la sociedad hatera de la época colonial y la economía precapitalista de los primeros cincuenta años del siglo XIX, Santo Domingo se convirtió en receptora, entre 1870 y 1930, de decenas de miles de inmigrantes cocolos, puertorriqueños, árabes, chinos, haitianos, cubanos y norteamericanos y con su establecimiento en territorio dominicano aparecieron prácticas culturales desconocidas hasta entonces, prácticas que se fueron enraizando y formando parte de una cultura que se encontraba en formación; . Iniciado el siglo XX, las industrias, el comercio, los deportes y las diversiones, para sólo citar algunos aspectos de la vida dominicana, comenzaron a tener un referente más relacionado con los Estados.

La red de carreteras, puentes y caminos iniciadas en 1908 van a romper con el regionalismo, facilitando cambios en la cultura de consumo de la población y aunque los procesos políticos siguieron las consignas de los caudillos y sus “revoluciones”, en el primer cuarto del siglo XX el país dejó de ser lo que había sido durante el siglo XIX, para transformarse de una manera vertiginosa en un nuevo país más moderno y abierto al mundo. En esto tuvo mucho que ver la ocupación militar norteamericana de 1916.

Durante el gobierno militar extranjero se desarmó la poblaci
ón, fueron modificados los planes de estudios, se controlaron las publicaciones de ensayos y libros, fue reorganizado el Estado, desintegrado el ejército y pacificado el país. Todo esto además del relativo bienestar que se dejó sentir entre 1916 y 1920, va a provocar un impacto cultural de amplios sectores nacionales.

En 1924, cuando las tropas comenzaron a salir del país y el presidente Horacio Vásquez tomaba posesión, en amplios sectores urbanos se dejaba sentir la influencia del proceso vivido. Fue tal vez por esta razón que el director de la revista Cosmopolita llegó a decir en sus páginas que después de terminada la Primera Guerra Mundial, la tolerancia ganó terreno y la presencia de los marines no nos hicieron más civilizados, sino más tolerantes. “Antes, --dijo él—nos ofendíamos por lo que ofendía a la moral, ahora la moral es la que ofende a nuestros libertinajes”.

De todo modo, la salida de las tropas y el establecimiento de un gobierno dominicano va a provocar, por lo menos como política de Estado, algunos reajustes y acondicionamientos de aspectos vinculados a la cultura, pero en sentido general desde el Estado se continuó la política cultural del gobierno de ocupación ..

Como ejemplo de todo lo que he dicho, quisiera tomar como referencia una obra publicada en 1924 por Horacio Read. Este intelectual e integrante de la agrupación cultural El Paladión, escribió la novela “Los Civilizadores” en la que trató de demostrar, desde el punto de vista cultural, que la civilización a que los Estados Unidos quiso llevar a los dominicanos era todo lo contrario y que lo que se había logrado con su presencia, fue retrotraer a los dominicanos a la época de la barbarie.

El autor, desde una posición conservadora y a veces prehispánica añoraba los valores del pasado que él entendía iban sucumbiendo ante la presencia extranjera. En los diálogos de los personajes va quedando establecido lo que entendía como un comportamiento que ofendía los valores de los dominicanos.

Entre los aportes desmoralizantes de los ocupantes, Horacio Read destaca la utilización de palabras en ingles en el idioma castellano, y como los esposos complacientemente permitían que sus señoras participaran en fiestas donde compartían públicamente con sus amantes y en sus hogares durmieran las siestas y compartieran las camas con sus amigos. Tomaban “copa de crema de menta, y realizaban competencias donde el premio era un beso, y comían pickleys y carne en lata., brindaban el te, jugaban take and put, bailan fox trots, one-step, y bailaban al compás de una pianola eléctrica, mientras tomaban wiskey y bailaban el ritmo conocido como “shimmy”.

Por otro lado, Juan Isidro Jimenes Grullón, en La República Dominicana: una ficción explicó lo que él llamó “los síntomas espirituales” de la decadencia que se había iniciado durante la ocupación militar americana, y entre esos síntomas citó el auge “de la corriente pro-norteamericana en el seno de la burguesía.” y su afán de que el país se convirtiera en una colonia similar a Puerto Rico. La ocupación trajo consigo una norte-americanización de las costumbres y era un orgullo para quienes las obedecían hablar preferentemente en un inglés chapurreado.

Parecido conceptos fueron externados por Ramón Marrero Aristy en el volumen tres de su obra histórica La República Dominicana, al decir que “con la presencia de los norteamericanos perecieron muchas costumbres sanas y numerosos mitos. La gente joven y las mujeres adquirieron costumbres más independientes y la obsesión del dinero como elemento determinante del valor del individuo se apoderó no sólo de las clases encumbradas sino de gran parte de las otras radicadas en las zonas urbanas.

Ahora bien, cuál fue la política cultural del gobierno del presidente Vásquez durante los seis años que le tocó gobernar la República Dominicana? Durante su gobierno se desarrolló una política que tendía a promover, aunque esto no era generalizado, el apoyo económico para la publicación de libros. En el aspecto educativo, Marrero Aristy señala en su obra de historia, que la instrucción pública había sido la “primera victima de la crisis económica experimentada por el régimen de Vásquez”, aunque este destinó mediante ley, que se especializaran fondos para la construcción de escuelas y se financiaron becas de estudios tanto en el extranjero como en el país.

Otras medidas importantes en el período, fueron la celebración oficial del Congreso Musical en Santo Domingo en 1928, la promulgación de la ley que asignaba los fondos para la construcción de la Biblioteca Nacional y se declaró de utilidad pública el edificio del Alcázar de Colón. Además, fue abierto el Museo Nacional de Antropología en 1926, y se intentó la construcción, en 1926, del Teatro Nacional. Muchas de estas iniciativas, como la de la biblioteca y el Teatro, quedaron en el olvido.

También el gobierno destinó fondos para construcciones de edificios, carreteras, puentes y obras públicas que de alguna manera van a incidir en la cultura de los dominicanos. Facilitó fondos para la celebración en Santiago de los Caballeros de la Exposición Nacional en 1927, prohibió fijar carteles y letreros en edificios públicos y monumentos, se contrataron los servicios aéreos para el transporte del correo que salía al exterior, y fueron firmados contratos para la operación de líneas aéreas y el transporte de pasajeros, en 1927.

En el ámbito de la salud y la higiene, áreas muy relacionadas con las practicas culturales de los dominicanos, al parecer no hubo grandes logros, a no ser la construcción del primer acueducto de la capital de la República en 1928. Ramón Marrero Aristy tratando de justificar el derrocamiento de Horacio Vásquez, años después, llegó a escribir: “Sin acueducto, la higiene personal era muy difícil. Fuera de los baños en los ríos a la manera primitiva, muy pocas familias podían disfrutar de los beneficios del agua corriente y las duchas. Los sistemas sanitarios permanecían a la altura de los retretes en las principales poblaciones, con excepción de los barrios céntricos de Santo Domingo”.

El rápido contacto con el exterior por la vía aérea y marítima, una prensa que se modernizó con nuevas y poderosas impresoras y conectadas al mundo por la radiotelegrafía y el Cable Submarino, la naturalización como ciudadanos dominicanos y formación de familias con nacionales de cientos de inmigrantes, el establecimiento del cine, y el nacimiento de la radio en 1928, además de las nuevas cultura del consumo de productos principalmente norteamericanos, van a marcar definitivamente al pueblo dominicano.

La sociedad se hizo más liberal pues se comenzó a romper con el conservadurismo social y empezaron a aparecer en revistas como El Gráfico y Cromos, imágenes a páginas completas de mujeres desnudas. El Club Union, centro cultural por excelencia de la aristocracia dominicana, comenzó a abrir sus puertas al merengue y el bongó. El güiro y la maraca, la rumba y la guaracha, que a decir de Gimbernard “acechaban en espera de la oportunidad de su invasión”, se introdujo en ese Club a partir de 1924.

En el ámbito juvenil y de los intelectuales motivados por el positivismo, la educación hostosiana, el arielismo y el socialismo el período se enrumbaba por otros senderos. Una gran actividad se dejó sentir después de la salida de las tropas extranjeras, buscando las raíces de los males sociales y planteando alternativas de bien común como eran la renovación y la regeneración de la sociedad dominicana, así como el aniquilamiento definitivo de todo lo negativo representado en el caudillismo que todavía simbolizaba el presidente Horacio Vásquez.

Los ocho años de la ocupación militar americana (1916-1924), fueron difíciles para las actividades políticas, literarias y el libre pensamiento; pero no impidieron el surgimiento de grupos literarios y culturales y la circulación de interesantes pero limitadas publicaciones; los intelectuales y estudiantes tuvieron un mayor campo de acción par sus actividades, motivados por el clima de libertad que se abrió a partir de 1924.

Entre los grupos surgidos durante la desocupación y que fueron muy activos durante el gobierno de Horacio Vásquez se encontraban las sociedades El Paladión, Plus-Ultra, y el Movimiento Postumistas. El Paladión tenía como centro de operaciones la revista Blanco y Negro y a partir de 1924 la revista La Opinión, los Postumistas a la Cuna de América y la revista Letras, y los de Plus-Ultra, fundado en 1921 y dirigido por Manuel Arturo Peña Batlle, publicaban en 1922 la revista Claridad.

En Plus-Ultra participaban Manuel Arturo Peña Batlle, Alcides García Lluberes, Juan isidro Jimenes-Grullón y Arturo Despradel y en El Paladión eran de los primeros Carlos Sánchez y Sánchez, Julio Cuello y Francisco Prats Ramírez. Tanto El Paladión como Plus Ultra se fusionaron con otras instituciones en 1931, para dar paso a la agrupación Acción Cultural. Por su parte, en el Movimiento Postumista fueron principales lideres Domingo Moreno Jimenes, Andrés Avelino y Rafael Augusto Zorrilla.


La desocupación militar abrió las puertas a la soberanía y la libertad y a una mayor y libre participación cultural, pero también a la competencia y a la atomización de los grupos literarios y culturales. Con la llegada de Vásquez a la presidencia comenzaron a surgir pequeños y esporádicos agrupamientos y efímeros medios literarios, nucleándose en capillas literarias que comenzaron a proclamarse vanguardia y representantes de las más modernas manifestaciones del arte y la literatura. Estos grupos aparecían en las ciudades más importantes del país, compactados alrededor de revistas y periódicos literarios.

A partir de 1924 el fervor nacionalista descayó y con esto desapareció la convivencia, la solidaridad y el respeto entre los grupos, dando paso al enfrentamiento, a la división y al pugilato vanguardista entre las “capillas literarias”. Los conflictos, los chismes, la competencia y la atomización fueron tan evidentes, que la prensa llegó a llamar la atención sobre ese particular, clamando para que se pusiera fin a esa situación. Señalaba críticamente La Opinión, que esos grupos que actuaban así, eran en realidad “opuestos y hostiles entre sí , aun teniendo el mismo ideal revaluador y renovador.” Y recomendaba la unidad de todos en torno a El Paladión, por ser el más antiguo y representativo de todas las agrupaciones existentes.

Posiblemente el evento cultural más importante realizado por los escritores y poetas lo constituyó el homenaje que los Postumistas dedicaron al venezolano Horacio Blanco Fombona en el local de la Colina Sacra, ubicada en la barriada de Villa Francisca y en el que participaron decenas de intelectuales y poetas de la Colina y el Llano, como ellos mismos se identificaban.

Las revistas que tuvieron relaciones con los grupos literarios en ese período fueron, además de Blanco y Negro y La Cuna de América, que desaparecieron en la primera etapa del período, y La Opinión que se convirtió en periódico diario en 1927, fueron la Revista X, vinculada al Postumismo y dirigida en 1925 por Andrés Avelino y Rafael Andrés Brenes. Moreno Jimenes, Sumo Pontífice del Postumismo, publicaba en 1926 la revista La Voz, y en 1929 comenzó a publicar hasta 1937, El Día Estético, el más importante vocero del Movimiento Postumista . Además circuló Páginas Selectas, surgida en 1926. En los principales pueblos también aparecieron revistas vinculadas a sociedades culturales y literarias.

En cuanto a la proliferación de libros y folletos literarios, fueron también las Asociaciones culturales y literarias las que más insistieron en ese propósito. Por ejemplo, de unos 75 libros y folletos que hemos detectados se publicaron durante el período de gobierno de Horacio Vázquez, aproximadamente veinte pertenecieron a las agrupaciones El Paladión y al Movimiento Postumista.

Por otro lado, al final de la década del veinte y en medio de la coyuntura provocada por la crisis económica de 1929 en el mercado mundial, y la enfermedad del presidente Horacio Vásquez, al Coronel Trujillo se le facilitó la toma del poder político. A partir de ese momento se comenzó a sentir una baja significativa en las actividades literaria de los grupos culturales en la medida que la dictadura se consolidaba.

En relación a las actividades de esparcimiento y diversión, los habitantes de la ciudad colonial tenían sus lugares preferidos, vedados a los habitantes de los barrios periféricos que iban surgiendo en esos días.

Existía el Teatro Colón, el Rialto, Independencia y el Teatro Capitolio. También eran populares el café “Mis Amores” y el Hotel Colón con un ambiente de “riqueza inestimable”, pero el lugar público por excelencia para ser visitado por las clases altas lo era el Restaurant “Fausto”, ubicado en la Arzobispo Meriño frente al Parque Colón y al lado del Teatro Capitolio, el lugar escogido por los intelectuales y poetas de clase media para la celebración de sus tertulias.
La institución privada más aristocrática lo fue el Club Unión, ubicado en El Conde esquina Hostos y cuna de la aristocracia capitaleña.

La ciudad intramuros renacía en los días carnavalescos, cuando era invadida por el populacho de los barrios pobres, que vestidos de trapos viejos y vestimentas de desecho se entregaba a la diversión, simulando campesinos. En esas fiestas carnavalescas “el barsié” era huésped de la ciudad por uno o dos días”. El Carnaval, como lo señaló la crónica de la revista Cromos de 1927, tenía su reina y cortes que lucían disfraces muy de estos tiempos del fox y del charleston.y revistió gran esplendor con bailes, disfraces, confetis y serpentinas, carrozas y muchísimos automóviles.

En cuanto al legado cultural norteamericano, estaban muy de moda los bailes conocidos com fox trot, el onestep y otros ritmos. El músico puertoplateño Dálmaso Mercado trae la información en “Memorias de un músico rural dominicano”, que en Puerto Plata, en el Club de Comercio, Club de Damas, y las sociedades La Fe y Unión Puertoplateña no se tocaba merengue hasta 1928, y que la juventud gustaba de bailar el foxtrot, el blu, el charleston, onestep, el tango y una infinidad de melodías.

La vida en la zona colonial y los ensanches Gazcue, Ciudad Nueva, Lugo y Aguedita era de un marcado “refinamiento cultural”, pero la cotidianidad de los barrios populares era otra. Villa Francisca se había comenzado a poblarse desde 1912 y ya para 1925 tenía más de 8000 habitantes, y era además cuna del Movimiento Postumista, mientras que El Galindo y Galindito, este último también conocido como el barrio Barahona del Norte y luego como Borojol, eran poco poblados y sus habitantes llevaban una vida más paupérrimas.

En esos barrios populares que iban más allá de San Carlos y lo que hoy es la Avenida Mella, el balsié, el merengue, la bachata y la prostitución marcaban la cotidianidad. En el Galindo se escuchaba el merengue, pero lo más cerca que se escuchaba de la zona colonial era la Ceiba de Colón, “en cuya vecindad se encontraban los más inmundos prostíbulos de la ciudad de Santo Domingo”. Y en Villa Francisca el barcié resonaba como un insecto monstruoso que aleteaba entre las sombras. En el camino de Santa Cruz, en Los Minas y en todos nuestros campos se escuchaban el barcié acompañando un “merengue tupío” un “Toma pa tu may”o un “Toma pa tu” primo” y oros bailes típicos del mismo ritmo monótono.”

Tal vez la proliferación de la música popular que poco a poco se introducía en el gusto de los habitantes de la ciudad colonial, provocó en 1924 las prohibiciones y limitaciones que se le impusieron, como queda demostrado en la disposición del Ayuntamiento para prohibir que se tocara el balcié por considerarse desmoralizante, molestosa, y nociva. En diciembre de 1930, la agresión a la música y las costumbres de origen africanas vino desde la Cámara de Diputados, la que discutió un proyecto de ley para prohibir los bailes llamados Luá, el Voudou y Sance por perniciosos, indeseables, e inmorales, argumentándose que existían lugares donde se fiestea, y se baila de una manera inmoral.

Fue en los barrios pobres el lugar donde primero se bailó guarachas y bachatas a las afueras de la ciudad de Santo Domingo. Los intérpretes populares comenzaron ayudados por la victrola y la radiola a imitar desde entonces a los cantantes cubanos y mexicanos. Reacuérdese que las emisoras de radio ya existían desde 1928.

En relación a los deportes, fueron importantes pasatiempos durante el período el juego de tennis, el deporte conocido como Rogly, el béisbol y el boxeo. La legalización jurídica de este último produjo debates en la sociedad dominicana y en el Congreso el diputado David Santamaría llegó oponerse a este por ser poco civilizado, exótico y “una de las tantas brutalidades que los americanos han hecho introducir como cosa de la civilización”.

Los picnic, como pasatiempo de grupos de la ciudad intramuros y de la zona de Gazcue, Ciudad Nueva, Ensanche Mis Amores y Ensanche Lugo de la ciudad de Santo Domingo se hicieron muy populares, siendo los domingos utilizados por grupos de familias adineradas para viajar hacia la zona de Sabana Perdida y lo que hoy llamamos Ensanche Luperón, Gualey y Los tres brazos en actividad de diversión y esparcimiento.

Como colofón a todo lo que acabo de decir, quiero leer un párrafo de una publicación puesta a circular en 1928 y que retrata la marginalidad del barrio Barahona del Norte, el más democrático de la capital de la República, según Francisco Moscoso Puello, y declarado desde 1917 zona de tolerancia para la prostitución: :

“Eran las 10:45 de la noche, cuando el grupo de jóvenes entraba en un Cafetín situado a una de las márgenes del caudaloso río Ozama, en las inmediaciones del muelle. Refugio de chulos, trabajadores del muelle, marinos y otros personajes de baja clase social, era aquel asqueroso establecimiento, donde una juventud perdida se entregaba a los más desenfrenados vicios. Era larga y espaciosa, dividida en varios apartamentos, donde sucias rameras tenían sus respectivos dormitorios.

Había allí gente joven equívoca, con la retina de los ojos demasiado roja, por exceso del alcohol. Viejos marineros ingleses, que en esos días visitan la Ciudad en un trasatlántico, permanecían estremecidos de alegría haciendo derroche de licor. Otros, acodados al mostrador, apuraban sendas copas de Brandy. En el primer salón unos muchachos juegan billar, se oyen las voces, y el entrechocar de las bolas. En otro apartamento interior, sentados en banquetas de madera; otros se veían entregados a toda clase de juegos de azar. Y más allá, al compás de una música bachatera, unas mujeres casi desnudas, se veían abrazando descaradamente a los hombres, entregadas a las más desenfrenadas orgías, mientras la orquesta que se componía de guitarra, güiro y timbales, cantaban una canción parodiada en sucias palabras obscenas”. Hasta aquí lo que quería compartir con ustedes en el día de hoy. Muchas gracias

Sunday, August 20, 2006

CULTURA DOMINICANA

Costumbres Dominicanas: Un Espacio para Conocernos Mejor: El pueblo dominicano está integrado por un conglomerado que se ha ido constituyendo en un proceso histórico de más de 500 años de historia. Indígenas, españoles, africanos, canarios, haitianos, franceses, árabes, cubanos, cocolos, puertorriqueños y norteamericanos han aportado elementos culturales imprescindibles en la formación de la dominicanidad. De ese proceso formativo y del reflejo de esos aportes en las costumbres, creencias, idioma, la música, nuestros mitos y leyendas es que les vamos a hablar en esta página, como una forma de que los dominicanos nos reencontremos con nuestras raíces. Sus comentarios y aportes serán recibidos y publicados con la debida atención: alex_paulinor@yahoo.com